La punta de mi lengua
Lo dejé marchar y no me arrastró.
Marea. Revolcón. Duerme conmigo.
Todavía estoy mal cosido,
ay, házmelo despacito,
no te rías , que es verdad,
que no me lo ha hecho nadie,
que duermo solito,
que mi cama está hecha donde no hay ventanas,
donde las miradas tienen ganas,
donde hay lunas de tela y un sol navajero
de noches en vela,
donde llegó el olvido a soltar la melena,
donde nunca pienso si me quieres,
donde todo es mentira y quejíos de pena
desconchan paredes,
duerme conmigo, si eres piedra da igual,
yo seré pedregoso camino,
duerme conmigo, yo te canto, te arrullo,
te arropo, te abrigo, te mimo,
se que me cuentan los días
los abrazos sin hallarte,
y me recuesto en el suelo y
se me eriza el pelo en solo recordarte,
que mi almohada está llena de cuando no estabas,
de canciones que nunca cantabas,
de todo, de nada, de besos de esos que nunca me dabas,
y de un tiempo a esta parte decido soñarte,
embrear mi camino con lodo
y cagandome en todo volar, y ya ves,
despierto como me acosté,
duerme conmigo, si eres piedra da igual,
yo seré pedregoso camino,
duerme conmigo, yo te canto, te arrullo,
te arropo, te abrigo, te mimo,
y me mira de reojo cuando cree que no la miro,
como no voy a mirar si arde como el rastrojo en cuanto me descuido,
que su mirada es un tiro de sal al que ose chorar en el bosque frutal
de su libertad, de mi soledad, de nuestro vendaval.
duerme conmigo, si eres piedra da igual,
yo seré pedregoso camino,
duerme conmigo, yo te canto, te arrullo,
te arropo, te abrigo, te mimo,
y si eres aire te irás.
ay, házmelo despacito,
no te rías , que es verdad,
que no me lo ha hecho nadie,
que duermo solito,
que mi cama está hecha donde no hay ventanas,
donde las miradas tienen ganas,
donde hay lunas de tela y un sol navajero
de noches en vela,
donde llegó el olvido a soltar la melena,
donde nunca pienso si me quieres,
donde todo es mentira y quejíos de pena
desconchan paredes,
duerme conmigo, si eres piedra da igual,
yo seré pedregoso camino,
duerme conmigo, yo te canto, te arrullo,
te arropo, te abrigo, te mimo,
se que me cuentan los días
los abrazos sin hallarte,
y me recuesto en el suelo y
se me eriza el pelo en solo recordarte,
que mi almohada está llena de cuando no estabas,
de canciones que nunca cantabas,
de todo, de nada, de besos de esos que nunca me dabas,
y de un tiempo a esta parte decido soñarte,
embrear mi camino con lodo
y cagandome en todo volar, y ya ves,
despierto como me acosté,
duerme conmigo, si eres piedra da igual,
yo seré pedregoso camino,
duerme conmigo, yo te canto, te arrullo,
te arropo, te abrigo, te mimo,
y me mira de reojo cuando cree que no la miro,
como no voy a mirar si arde como el rastrojo en cuanto me descuido,
que su mirada es un tiro de sal al que ose chorar en el bosque frutal
de su libertad, de mi soledad, de nuestro vendaval.
duerme conmigo, si eres piedra da igual,
yo seré pedregoso camino,
duerme conmigo, yo te canto, te arrullo,
te arropo, te abrigo, te mimo,
y si eres aire te irás.
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Su barco se hundió el día en que no la vio aparecer bajo la luz del sol.
No tuvo salida en alta mar hundida tan lejos de tirra barco de guerra sin bandera.
Un corazón cobarde, no gobierna su nave, tripulación salvaje, capitán sin coraje.
Barco de borrachos que queman tu vida, de nuevo sin rumbo hacia la deriva.
Niños mutantes.
Un poco de luto nunca viene mal.
No tuvo salida en alta mar hundida tan lejos de tirra barco de guerra sin bandera.
Un corazón cobarde, no gobierna su nave, tripulación salvaje, capitán sin coraje.
Barco de borrachos que queman tu vida, de nuevo sin rumbo hacia la deriva.
Niños mutantes.
Un poco de luto nunca viene mal.
Puntitas
El problema de caminar siempre de puntillas es que es terriblemente cansado.
Lo dice la chiquilla que tiene la mirada oblicua.
Lo dice la chiquilla que tiene la mirada oblicua.
Silencio callejero
Me falta música sonando por las calles de Madrid.
Hace tiempo pasear siempre tenía banda sonora,
ahora...
el silencio.
Ese silecio que a veces es poderoso,
pero otros demasiado nostálgico.
Hace tiempo pasear siempre tenía banda sonora,
ahora...
el silencio.
Ese silecio que a veces es poderoso,
pero otros demasiado nostálgico.
Cinco días y ...
Sueños
Ayer un amigo mío soñó que miles de mariposas revoloteaban a mi alrededor mientras dormía arropada por una sábana. Una me besaba con sus alas y otra justo descansaba en la punta de mi nariz.
Él quiere soñar con mis ojos...
Gracias Rubio.
Él quiere soñar con mis ojos...
Gracias Rubio.
Sorpresas
Desde ayer podía ser una mujer prometida, camino del altar...
Rechacé la oferta!
Que nunca me gustó la idea de casarme.
Rechacé la oferta!
Que nunca me gustó la idea de casarme.
La playa
The verve - bitter sweet symphony
´Cause it´s a bittersweet symphony, this life
Try to make ends meet
You´re a slave to money then you die
I´ll take you down the only road I´ve ever been down
You know the one that takes you to the places
where all the veins meet yeah,
No change, I can change
I can change, I can change
But I´m here in my mold
I am here in my mold
But I´m a million different people
from one day to the next
I can´t change my mold
No, no, no, no, no
Well I never pray
But tonight I´m on my knees yeah
I need to hear some sounds that recognize the pain in me, yeah
I let the melody shine, let it cleanse my mind, I feel free now
But the airways are clean and there´s nobody singing to me now
No change, I can change
I can change, I can change
But I´m here in my mold
I am here in my mold
And I´m a million different people
from one day to the next
I can´t change my mold
No, no, no, no, no
I can´t change
I can´t change
´Cause it´s a bittersweet symphony, this life
Try to make ends meet
Try to find some money then you die
I´ll take you down the only road I´ve ever been down
You know the one that takes you to the places
where all the things meet yeah
You know I can change, I can change
I can change, I can change
But I´m here in my mold
I am here in my mold
And I´m a million different people
from one day to the next
I can´t change my mold
No, no, no, no, no
I can´t change my mold
no, no, no, no, no,
I can´t change
Can´t change my body,
no, no, no
I´ll take you down the only road I´ve ever been down
I´ll take you down the only road I´ve ever been down
Been down
Ever been down
Ever been down
Ever been down
Ever been down
Have you ever been down?
Have you´ve ever been down?
Try to make ends meet
You´re a slave to money then you die
I´ll take you down the only road I´ve ever been down
You know the one that takes you to the places
where all the veins meet yeah,
No change, I can change
I can change, I can change
But I´m here in my mold
I am here in my mold
But I´m a million different people
from one day to the next
I can´t change my mold
No, no, no, no, no
Well I never pray
But tonight I´m on my knees yeah
I need to hear some sounds that recognize the pain in me, yeah
I let the melody shine, let it cleanse my mind, I feel free now
But the airways are clean and there´s nobody singing to me now
No change, I can change
I can change, I can change
But I´m here in my mold
I am here in my mold
And I´m a million different people
from one day to the next
I can´t change my mold
No, no, no, no, no
I can´t change
I can´t change
´Cause it´s a bittersweet symphony, this life
Try to make ends meet
Try to find some money then you die
I´ll take you down the only road I´ve ever been down
You know the one that takes you to the places
where all the things meet yeah
You know I can change, I can change
I can change, I can change
But I´m here in my mold
I am here in my mold
And I´m a million different people
from one day to the next
I can´t change my mold
No, no, no, no, no
I can´t change my mold
no, no, no, no, no,
I can´t change
Can´t change my body,
no, no, no
I´ll take you down the only road I´ve ever been down
I´ll take you down the only road I´ve ever been down
Been down
Ever been down
Ever been down
Ever been down
Ever been down
Have you ever been down?
Have you´ve ever been down?
Belleza
Madrid...
Diez de la noche...
LLovía...
Miles de luces...
Una ventana de autobús...
Estaba precioso.
Quería leer, pero no podía.
Diez de la noche...
LLovía...
Miles de luces...
Una ventana de autobús...
Estaba precioso.
Quería leer, pero no podía.
Adaptaciones caracteriales
Sólo quería aire,
perderme entre las brumas
y las ensoñaciones
que engañan a los sentidos.
Dormir tranquila,
al menos una noche,
sin interrupción,
sin mentiras
cómo una niña, que sólo desea que le acaricien el pelo.
Intentar arreglar
lo irreconciliable.
Hacer sudar los brazos,
ganar la partida.
perderme entre las brumas
y las ensoñaciones
que engañan a los sentidos.
Dormir tranquila,
al menos una noche,
sin interrupción,
sin mentiras
cómo una niña, que sólo desea que le acaricien el pelo.
Intentar arreglar
lo irreconciliable.
Hacer sudar los brazos,
ganar la partida.
Hablando en plata.
No olvido, recuerdo.
No me arrepiento, soy libre.
No hay cuentas que rendir,
ni jaula en la que meterme.
¿Te enteras?
Perdiste los superpoderes, Superman.
Soy lo que soy, y bien que te gustaba...
No vamos a hablar a cerca de nuestra intimidad.
No me arrepiento, soy libre.
No hay cuentas que rendir,
ni jaula en la que meterme.
¿Te enteras?
Perdiste los superpoderes, Superman.
Soy lo que soy, y bien que te gustaba...
No vamos a hablar a cerca de nuestra intimidad.
La cultura postiza
Ingredientes indispensables para ser una persona culta:
La plataforma.
El Libro de los Abrazos.
Benedetti.
La danza contemporánea.
Y todo aquello que esté de moda de forma temporal.
Nos movemos dando bandazos, que esta palabra también debe estar de moda.
Cada vez soy más intransigente con ciertas cosas.
Respeto que cada uno tenga sus gustos, me encanta de hecho que la gente tenga gustos dispares a los míos porque me aportan, pero luego no me apropio de ellos. Tengo claro quienes son mis mentores y mis maestros. NO voy a ir de que todo lo he descubierto solita.
Lamento herir sensibilidades que me duela herir. Estoy de mal humor, enervada, diría yo.
Todos aprendemos de los demás, no es necesario que nadie se las de de ser el mejor y el más genuino. Por favor, que todo está descubierto, al menos, seamos agradecidos.
La plataforma.
El Libro de los Abrazos.
Benedetti.
La danza contemporánea.
Y todo aquello que esté de moda de forma temporal.
Nos movemos dando bandazos, que esta palabra también debe estar de moda.
Cada vez soy más intransigente con ciertas cosas.
Respeto que cada uno tenga sus gustos, me encanta de hecho que la gente tenga gustos dispares a los míos porque me aportan, pero luego no me apropio de ellos. Tengo claro quienes son mis mentores y mis maestros. NO voy a ir de que todo lo he descubierto solita.
Lamento herir sensibilidades que me duela herir. Estoy de mal humor, enervada, diría yo.
Todos aprendemos de los demás, no es necesario que nadie se las de de ser el mejor y el más genuino. Por favor, que todo está descubierto, al menos, seamos agradecidos.
¿Querrías que te dijera que te vinieras a mi casa?
Querría que me hubiera dicho la verdad,
que me hubieras tratado con el respeto que me merecía,
que me hubieras dicho que no me querías si así era para que cada uno andara a su ritmo. Querría haberme ahorrado muchos meses de comprensión y perdones si en el fondo no buscabas más que una nueva oportunidad de hacerme daño.
Querría haber tenido un hombro donde apoyarme, querría haber tenido un compañero capaz de hacerme sentir especial, capaz de mirarme con unos ojos donde hubiera un signo de transparencia y no de mentira constante.
Querría haber tenido una relación donde sólo fuéramos tres (no pedía ni dos). Querría haber jugado en las mismas condiciones, con las mismas reglas del juego.
que me hubieras tratado con el respeto que me merecía,
que me hubieras dicho que no me querías si así era para que cada uno andara a su ritmo. Querría haberme ahorrado muchos meses de comprensión y perdones si en el fondo no buscabas más que una nueva oportunidad de hacerme daño.
Querría haber tenido un hombro donde apoyarme, querría haber tenido un compañero capaz de hacerme sentir especial, capaz de mirarme con unos ojos donde hubiera un signo de transparencia y no de mentira constante.
Querría haber tenido una relación donde sólo fuéramos tres (no pedía ni dos). Querría haber jugado en las mismas condiciones, con las mismas reglas del juego.
palabras para brindar
Brindo por el tiempo en que estuve metidita en un cajón.
Sin moverme, sin hablar para que tu conciencia no se enterase de eso que me decías: que me querías.
Brindo porque esas palabras dejaron de significar.
Nada, nunca hubo nada. La verdad es que la balanza se descompensó desde el primer momento en que cual subnormal pensé que necesitabas confianza para poder afrontar los acontecimientos con sinceridad y naturalidad.
Anónimo, estabas en los cierto, siempre lo estuviste.
Algunos o se les mete en una jaula o ... no quieren nada más.
Sin moverme, sin hablar para que tu conciencia no se enterase de eso que me decías: que me querías.
Brindo porque esas palabras dejaron de significar.
Nada, nunca hubo nada. La verdad es que la balanza se descompensó desde el primer momento en que cual subnormal pensé que necesitabas confianza para poder afrontar los acontecimientos con sinceridad y naturalidad.
Anónimo, estabas en los cierto, siempre lo estuviste.
Algunos o se les mete en una jaula o ... no quieren nada más.
Para el anónimo
Usuario anónimo de mi blog, creo que no es la primera vez que me visitas.
Si tienes algo que decir, al menos pon nombre para que agradezca que hagas de corrector/a.
Gracias por tu amabilidad.
Si tienes algo que decir, al menos pon nombre para que agradezca que hagas de corrector/a.
Gracias por tu amabilidad.
Pensamientos
Tengo una mirada clavada en mi alma,
tengo un cuerpo tatuado en mi pecho.
No borro:
piernas,
torsos,
pasiones.
tengo un cuerpo tatuado en mi pecho.
No borro:
piernas,
torsos,
pasiones.
Arránqueme los miedos, el pasado y ponga en mi mano el futuro
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas.
Desnúdeme, desdúdeme.
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.
Galeano.El otro día con música me conquistó.
Escuchar a Galeano en el Libertad 8 y ponerse la piel de gallina.
Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas.
Desnúdeme, desdúdeme.
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.
Galeano.El otro día con música me conquistó.
Escuchar a Galeano en el Libertad 8 y ponerse la piel de gallina.
Buenos días, Madrid!
En las alas de una mariposa

Un aprendiz de mago encontró un día un hechizo en las alas de una mariposa. O eso al menos creyó que parecía. Como se esperaba de él que fuera un hechicero bueno, no quería aprisionar al pobre insecto. Con su pocas artes creó una copia de fantasía. Es que había seguido el camino de la magia obligado por sus padres, y eso lo hacía mal estudiante. Solo había aprendido un poco, lo poco que que le era útil para conquistar damitas en los festejos del pueblo. A pesar de todo logró una copia casi fiel, solo un poco más brillante: el cuerpo a rayas de oro y de platino, alas de plata en delicada filigrana, y aquí y allá zafiros y rubíes, completando quizás símbolos y runas.
Llevó la joya a sus maestros. Los tres creyeron pretenciosa su obra, pero dos de ellos admiraron a pesar de todo su buen tino. Creían que los dibujos en la mariposa en verdad formaban palabras extrañas. Si era o no un hechizo, no podían decirlo. Si lo era, era nuevo, o al menos desconocido. Y ninguno de los dos, y menos aún el tercero, que solo veía en las alas desvaríos del chico o de la naturaleza, se animaron a ponerle sonido: con la magia no se juega. Quizás estaba más allá de sus poderes.
Se reunieron en concejo apurado con los otros dos magos de la zona, y decidieron enviar en un carro al aprendiz a la ciudad más cercana. Junto a la enjoyada mariposa le dieron una carta, que explicaba la historia y las dudas del quinteto. La destinataria era una bruja retirada, que vivía en el palacete de un conde y tenía contactos con más altas esferas. La vieja, que aún tenía ojos de águila, leyó la carta a la luz tenue de la chimenea. Sonrió con sorna: estos magos de pueblo, qué simpleza y qué descaro. Pero apenas vio la mariposa, abrió los ojos como platos, y llamó a su esposo que, además de esposo, era un buen mago. El hombre no abrió los ojos, sino la boca. Intentó pronunciar las palabras, tan solo comenzó un murmullo, pero un no muy amable golpe le cerró los labios.
La mujer le dijo que era un viejo loco, y con presteza escribió una nueva carta. Metió en una caja la joya y las dos cartas; la suya y la de los magos de pueblo. Después, en un solo movimiento, empujó la caja a los brazos del chico y el chico a la chimenea. El pobre aprendiz cerró los ojos en su asombro y se creyó muerto. Pero el fuego no lo quemó. No sintió calor, sino algo de frío, y sus párpados dejaban pasar tanta luz, y sus oídos tanto sonido, que recordó lecciones olvidadas y supo que solo había sido desplazado. Estaba casi en el medio de un salón imponente, rodeado de bancos de piedra ocupados por magos y brujas con túnicas de telas y colores que jamás había visto, e incluso algunos pocos vestidos de guerreros. Azorado y sin palabras alargó los brazos, y entregó la caja al hechicero más cercano.
El hombre leyó, como era costumbre del lugar, todo en voz alta, y luego en un pesado silencio fueron pasando de mano en mano la pequeña joya. Largas discusiones se sucedieron, y evaluaron con gran cuidado los riesgos. Que qué pasaba si era un hechizo peligroso, qué tal si borraba al mundo, qué tal si desaparecía la magia, qué tal si no era nada y pasaban vergüenza ante los magos del mundo. Al final del día, o al final de la semana, decidieron que nada decidían, y tan solo escribieron otra carta, y otra vez desplazaron al muchacho. Así fue viajando el pobre chico, de concejo en concejo, de carta en carta, hasta que no hubo donde enviarlo, más que al concejo de los magos más sabios, que por esas cosas de la vida eran también los más viejos.
Y el más viejo de los viejos decidió arriesgarse, y ponerle sonido a las palabras. Se desplazó a un valle que más que protegido, estaba encerrado, y el aprendiz y todos los demás (casi todos los de todos los concejos, y la vieja bruja y su esposo viejo, y los cinco magos de pueblo) observaron desde lejos el milagro, temiendo que se transformara en una pesadilla. El gran sabio alzó los brazos tan alto como pudo, y las temidas y desconocidas palabras bailaron en el viento. Una luz cegadora surgió de entre sus dedos.
La luz se apagó, y en su mano apareció una mariposa. Parecía real. Pero era una copia. Una copia casi fiel, solo un poco más brillante: el cuerpo a rayas de oro y de platino, alas de plata en delicada filigrana, y aquí y allá zafiros y rubíes, completando quizás símbolos y runas.
Marina Cuello (texto e imagen)
Con tiempo se lucha la vida
Beneficios
Han pasado ya 12 días y la luz aparece en mi camino.
Sin la pareja a la que quería pero con un montón de cosas buenas a mis espaldas:
- Tiempo, tiempo para hacer todo lo que quiero y como deseo.
- La tranquilidad de estar en un sitio siempre y cada día que me levanto ahora saber donde voy a dormir.
- Confianza. Confío de nuevo en mí misma y en la que gente que está a mi alrededor, sin preguntarme cuando me fallarán.
- Disfuto más de mi trabajo, de mis pequeñas cosas porque también vuelvo a creer en mí misma.
- Me cuido, me dedico tiempo. Acontecimientos que antes no podían darse, se suceden ahora estrepitósamente. Miles de flores de colores que hay en mi vida que antes no podía ver por estar ciega.
- Me miro al espejo y me siento bien, atractiva incluso. Tengo de nuevo la mirada tranquila y vivaz.
- Me ocupo de mis gustos, de mis sabores. Tengo la energía para hacer mis planes y no vivir siempre pendiente de hechos secundarios.
- Disfruto de salir con mis amigas. Sin prisas, con calma. Estando con ellas, sin que mi cabeza esté en mil partes a la vez.
Gracias por las palabras de ayer a las chicas de lingüística. Siempre sinceras, siempre amigas.
Sin la pareja a la que quería pero con un montón de cosas buenas a mis espaldas:
- Tiempo, tiempo para hacer todo lo que quiero y como deseo.
- La tranquilidad de estar en un sitio siempre y cada día que me levanto ahora saber donde voy a dormir.
- Confianza. Confío de nuevo en mí misma y en la que gente que está a mi alrededor, sin preguntarme cuando me fallarán.
- Disfuto más de mi trabajo, de mis pequeñas cosas porque también vuelvo a creer en mí misma.
- Me cuido, me dedico tiempo. Acontecimientos que antes no podían darse, se suceden ahora estrepitósamente. Miles de flores de colores que hay en mi vida que antes no podía ver por estar ciega.
- Me miro al espejo y me siento bien, atractiva incluso. Tengo de nuevo la mirada tranquila y vivaz.
- Me ocupo de mis gustos, de mis sabores. Tengo la energía para hacer mis planes y no vivir siempre pendiente de hechos secundarios.
- Disfruto de salir con mis amigas. Sin prisas, con calma. Estando con ellas, sin que mi cabeza esté en mil partes a la vez.
Gracias por las palabras de ayer a las chicas de lingüística. Siempre sinceras, siempre amigas.
Los planetas. Un mundo de gente incompleta.
Ven conmigo,
tenemos muchas cosas que aprender.
Ven conmigo,
te las enseñaré.
Sé tú mismo,
repetimos una y otra vez.
Pero para ser yo mismo
como tengo que ser.
Tengo que usar las manos
o puedo usar los pies.
Tendré que ser más claro.
Si lo hago, ¿quién me va a entender?
Tenemos tantas cosas que perder.
Hay tanto que perder.
Tengo que usar las manos
o puedo usar los pies.
Tendré que ser más claro.
Si lo hago, ¿quién me va a entender?
Tenemos tantas cosas que perder.
Hay tanto que perder.
Prometimos que no cambiaríamos jamás.
¿Dónde han ido las promesas a parar?
Se ha perdido todo,
no queda nada más.
Ahora lo que odio
y lo que somos casi es igual.
Mejor dejarlo ahora que esperar.
Mejor dejarlo ya.
Ven conmigo,
tenemos muchas cosas de que hablar.
Ven conmigo,
hay mucho de qué hablar.
tenemos muchas cosas que aprender.
Ven conmigo,
te las enseñaré.
Sé tú mismo,
repetimos una y otra vez.
Pero para ser yo mismo
como tengo que ser.
Tengo que usar las manos
o puedo usar los pies.
Tendré que ser más claro.
Si lo hago, ¿quién me va a entender?
Tenemos tantas cosas que perder.
Hay tanto que perder.
Tengo que usar las manos
o puedo usar los pies.
Tendré que ser más claro.
Si lo hago, ¿quién me va a entender?
Tenemos tantas cosas que perder.
Hay tanto que perder.
Prometimos que no cambiaríamos jamás.
¿Dónde han ido las promesas a parar?
Se ha perdido todo,
no queda nada más.
Ahora lo que odio
y lo que somos casi es igual.
Mejor dejarlo ahora que esperar.
Mejor dejarlo ya.
Ven conmigo,
tenemos muchas cosas de que hablar.
Ven conmigo,
hay mucho de qué hablar.
Creo y Resucito

Creo en los abrazos,
creo en las caricias.
Creo en la gente,
que me hace sentir que estoy viva.
Salto, hablo, grito,
me siento,
me palpo,
me muerdo.
Hay días increibles para recordar porque te gusta tanto esta vida que tienes.
Me gusta porque me rodea gente increible.
Gracias, por las mil palabras que me llenan y me llegan al corazón.
Dormidos
Hoy en un concierto escuché esta frase de Galeano,
sucumbí a sus encantos:
Duermo al lado de una mujer, duermo al lado de un abismo.
Me gusta se imprevisible, inquieta y breve.
Me sentí viva.
Me gusto.
sucumbí a sus encantos:
Duermo al lado de una mujer, duermo al lado de un abismo.
Me gusta se imprevisible, inquieta y breve.
Me sentí viva.
Me gusto.
Planeando el fin de semana.
Combo linga y Canteca de Macao.
Mañana viernes.
Más sesión de baile en el perro de la parte de atrás del coche.
MÁS MI REGALO.
Mañana viernes.
Más sesión de baile en el perro de la parte de atrás del coche.
MÁS MI REGALO.
Congreso curioso
Tengo un congreso curioso en julio, una semana entera. Yo sólo voy a poder estar en fin de semana probablemente.
Se celebrará en una estación abandonada donde vive uno de los profesores de lingüística y no hay programa pero sí gente interesada.
Suena rebien!
Se celebrará en una estación abandonada donde vive uno de los profesores de lingüística y no hay programa pero sí gente interesada.
Suena rebien!
Feliz
Reconozco que llevos dos días geniales. No parar me sienta bien, no me gusta estar quieta. Recuperar el deporte sienta bien y más cuando es divertido.
Vuelvo a estar activa y radiante.
Vuelvo a estar feliz.
Vuelvo a estar activa y radiante.
Vuelvo a estar feliz.
Mejor sin saberlo
Posiblemente esta tarde salga en la tele haciendo el tonto. Si lo véis, no me lo comentéis.
Retos
Nos empezamos a cuidar.
De nuevo el reto del tabaco, uno sólo para no olvidarme.
Este nuevo reto y el de las mañanas.
De nuevo el reto del tabaco, uno sólo para no olvidarme.
Este nuevo reto y el de las mañanas.
Mayo, el mes de las flores.
Debo abrazos cerca del mar.
Tengo que cobrarme algún paseo.
Mayo va a estar lleno de escapadas: Bilbao, Zaragoza y donde me lleven.
Tengo que cobrarme algún paseo.
Mayo va a estar lleno de escapadas: Bilbao, Zaragoza y donde me lleven.
Ese arte que es desastre
Un arte
No es difícil dominar el arte de perder;
tantas cosas parecen rebosar del deseo
de ser perdidas que su pérdida no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la irritación
de las llaves extraviadas, la hora malgastada.
No es difícil dominar el arte de perder.
Practica después perdiendo más, y más rápido:
lugares, y nombres, y los sitios a los que quisiste viajar.
Ninguna de estas pérdidas será un desastre.
He perdido el reloj de mi madre. ¡Y mira!, la última
o la penúltima de las tres casas que he amado se perdió.
No es difícil dominar el arte de perder.
He perdido dos ciudades preciosas. Y más aún:
algunos reinos que poseía, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue un desastre.
Incluso perdiéndote a ti (la voz risueña, un gesto que
amo) no habré mentido. Es evidente
que no es demasiado difícil dominar el arte de perder
aunque parezca (¡escríbelo!) parezca un desastre
Desde esas miradas que a veces matan (www.lamiradaoblicua.bitako.com)
No es difícil dominar el arte de perder;
tantas cosas parecen rebosar del deseo
de ser perdidas que su pérdida no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la irritación
de las llaves extraviadas, la hora malgastada.
No es difícil dominar el arte de perder.
Practica después perdiendo más, y más rápido:
lugares, y nombres, y los sitios a los que quisiste viajar.
Ninguna de estas pérdidas será un desastre.
He perdido el reloj de mi madre. ¡Y mira!, la última
o la penúltima de las tres casas que he amado se perdió.
No es difícil dominar el arte de perder.
He perdido dos ciudades preciosas. Y más aún:
algunos reinos que poseía, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue un desastre.
Incluso perdiéndote a ti (la voz risueña, un gesto que
amo) no habré mentido. Es evidente
que no es demasiado difícil dominar el arte de perder
aunque parezca (¡escríbelo!) parezca un desastre
Desde esas miradas que a veces matan (www.lamiradaoblicua.bitako.com)
Horasss
Este fin de semana tuvo:
- Cine.
- Teatro.
- Bailes.
- Cometas.
- Familia.
- Amigas.
- Risas.
- Exposiciones.
- Reencuentros.
- Tragicomedia.
El próximo tendra:
- Música.
- Cumpleaños.
- Sonrisas.
- Danza.
Durante la semana: más teatro, más trabajo, más cañas.
Y el puente me traerá el mar seguramente. Qué ilusión.
- Cine.
- Teatro.
- Bailes.
- Cometas.
- Familia.
- Amigas.
- Risas.
- Exposiciones.
- Reencuentros.
- Tragicomedia.
El próximo tendra:
- Música.
- Cumpleaños.
- Sonrisas.
- Danza.
Durante la semana: más teatro, más trabajo, más cañas.
Y el puente me traerá el mar seguramente. Qué ilusión.
Bailes de máscaras
El tiempo: enemigos y amigos
Del tiempo es enemigo la memoria.
Ese recordar eventos valiente que se agota conforme se arrastran los minutos y las horas por los días que no quedan por vivir.
Del tiempo es amigo la gravedad.
Esta fuerza cobarde que convive con nosotros y no nos da la opción de enfrentarnos en las mismas condiciones.
Ese recordar eventos valiente que se agota conforme se arrastran los minutos y las horas por los días que no quedan por vivir.
Del tiempo es amigo la gravedad.
Esta fuerza cobarde que convive con nosotros y no nos da la opción de enfrentarnos en las mismas condiciones.
¿Apadrinar una palabra?
Me han propuesto que apadrine una palabras.
Yo, educadamente, he declinado la oferta.
Os puede parecer curioso pero tengo buenas razones, a mi entender.
La lengua está viva, está viva desde el momento que le dan vida los hablantes que la usan. La hacen cambiar, evolucionar, crecer en unos sentidos y disminuir en otras direcciones. Unas palabras mueren para dejar paso a otras nuevas. Puede ser que añoremos palabras antiguas, digo puede ser. Pero yo no quiero poner freno a un fenómeno natural de la lengua. Su cambio es el nuestro.
Observando algunas de las palabras que ya han apadrinado, no entiendo por qué Mariano Rajoy lo ha hecho con avatares. Yo esa aún la uso bastante. Debe ser que en su casa, en el registro en el que hablen la perdieron hace tiempo.
Conozco gente que se empeña en incrustar en su vocabulario palabras de este tipo, apartadas casi ya de la libre circulación. Suele resultarles un registro de habla bastante peculiar, lleno de adornos. Ese tipo de manías no es más que aferrarse a un pasado para no dejar paso al futuro.
El tiempo es el tiempo y no hay lucha feroz contra él, sólo tristes derrotas.
Yo, educadamente, he declinado la oferta.
Os puede parecer curioso pero tengo buenas razones, a mi entender.
La lengua está viva, está viva desde el momento que le dan vida los hablantes que la usan. La hacen cambiar, evolucionar, crecer en unos sentidos y disminuir en otras direcciones. Unas palabras mueren para dejar paso a otras nuevas. Puede ser que añoremos palabras antiguas, digo puede ser. Pero yo no quiero poner freno a un fenómeno natural de la lengua. Su cambio es el nuestro.
Observando algunas de las palabras que ya han apadrinado, no entiendo por qué Mariano Rajoy lo ha hecho con avatares. Yo esa aún la uso bastante. Debe ser que en su casa, en el registro en el que hablen la perdieron hace tiempo.
Conozco gente que se empeña en incrustar en su vocabulario palabras de este tipo, apartadas casi ya de la libre circulación. Suele resultarles un registro de habla bastante peculiar, lleno de adornos. Ese tipo de manías no es más que aferrarse a un pasado para no dejar paso al futuro.
El tiempo es el tiempo y no hay lucha feroz contra él, sólo tristes derrotas.
crítica de un concierto al que fui
17 de Noviembre de 2006, Chesterfield Café, Madrid.
Hay un grupo de artistas españoles que se mueven en el borde de lo oficial,
tirando al lado bohemio, aunque a veces aparezcan en la otra acera, donde están las
cámaras y luces. Por ese barrio donde todos son poetas y hacen oposiciones a malditos
aparecen con frecuencia Calamaro, Bumbury, Nacho Vegas… y vecinos de esta encrucijada
son LE PUNK, intersección en la que el tequila se mezcla con el tango de olores
balcánicos, hasta que uno ya no sabe de dónde es ni le importa lo más mínimo.
Porque la esencia es pasar la noche, siempre la noche, en buena compañía.
Quejarse de los vacíos y sonreírle a la vida. Disfrutar de cada minuto sin olvidar
que en otro lugar un hermano, otro humano, puede estar sufriendo.
Y el concierto de LE PUNK supo a todo esto, a noche canalla en la que se baila,
se ríe y se abraza al amigo de al lado para recordarle que se le aprecia.
El set list de LE PUNK es conocido por todos sus fans. No es muy difícil,
teniendo en cuenta su, de momento, corta trayectoria discográfica.
Así, cuando sonaron los primeros acordes de “La noria”, ya estaba todo ganado:
el personal que llenaba prácticamente la sala sabía las letras y sabía a lo que venía.
“El delito del amor” y “Nacemos solos” sirvieron para calentar más el ambiente,
sin presentación y sin palabras entre temas. Es la actitud del rockerío chuleta,
que obvia los discursos para no aburrir con consignas ya implícitas en sus letras.
Porque luego vino “La lukto esta perdita”, homenaje a ese hermoso sueño
libertario que fue y es el esperanto.
Con “Veneno” volvimos a escuchar ese son tanguero de resonancias a lo Goran Bregovich,
si bien la voz de Alfredo Fernández estuviera un tanto tapada por un sonido que
en todo el concierto no llegó a alcanzar el nivel que el grupo se merecía.
Esto lo confirmamos con “La virgen de la soledad”, en cuyo solo de guitarra a
cargo de Joe Eceiza los sonidos se hicieron turbios, impidiendo diferenciar
instrumentos. Y es que, aunque LE PUNK no sean virtuosos intérpretes, funcionan
muy bien en directo. Son divertidos y cercanos. Hablan con el público como si nos
conocieran a todos, preguntan si ha parecido caro el concierto, bromean.
Y tocan cada canción con pasión.
Así lo hicieron con “Enemigo”, con “El telón” y “Vivir sin recordar” para la que
apareció Xoel, de Deluxe, transmitiendo otra dosis de ese colegueo que se
fragua en los tugurios.
Con “Mimi” vivimos el homenaje al “Minnie the moucher”, coreado por el público como
si estuviéramos en “Granujas a todo ritmo” y con “El basker” el concierto se desmadró
llegando a la mejor parte de la noche, con todos entregados a la juerga en manos
de Ignacio Villamar y su saxo y César Miranda al acordeón, con Alfredo a la mandolina,
que, por cierto, le dio más problemas técnicos que alegrías. “Así me va”, “Sol de
enero” y “Años” sirvieron para cerrar el concierto antes del bis con guiños al
“Baby please don´t go”.
Y llegó el bis, con “La piedra”, “La logia del canalla” y “Ventarrón”,
homenaje a Gardel.
Pero ningún concierto de LE PUNK puede acabar sin el gran himno del último disco
“No disparen al pianista”: sonó, por supuesto, “Compañeros”, con todos abrazados,
mirando al colega de al lado y diciéndole que aunque a veces la vida se pone cuesta
arriba, entre copas de vino podemos ser “compañeros durante quinientos años,
camaradas durante mil años más”. Porque también tenemos sentimientos, qué carajo.
Esta crítica, evidentemente, no es mía.
Es de Hector Checa
Hay un grupo de artistas españoles que se mueven en el borde de lo oficial,
tirando al lado bohemio, aunque a veces aparezcan en la otra acera, donde están las
cámaras y luces. Por ese barrio donde todos son poetas y hacen oposiciones a malditos
aparecen con frecuencia Calamaro, Bumbury, Nacho Vegas… y vecinos de esta encrucijada
son LE PUNK, intersección en la que el tequila se mezcla con el tango de olores
balcánicos, hasta que uno ya no sabe de dónde es ni le importa lo más mínimo.
Porque la esencia es pasar la noche, siempre la noche, en buena compañía.
Quejarse de los vacíos y sonreírle a la vida. Disfrutar de cada minuto sin olvidar
que en otro lugar un hermano, otro humano, puede estar sufriendo.
Y el concierto de LE PUNK supo a todo esto, a noche canalla en la que se baila,
se ríe y se abraza al amigo de al lado para recordarle que se le aprecia.
El set list de LE PUNK es conocido por todos sus fans. No es muy difícil,
teniendo en cuenta su, de momento, corta trayectoria discográfica.
Así, cuando sonaron los primeros acordes de “La noria”, ya estaba todo ganado:
el personal que llenaba prácticamente la sala sabía las letras y sabía a lo que venía.
“El delito del amor” y “Nacemos solos” sirvieron para calentar más el ambiente,
sin presentación y sin palabras entre temas. Es la actitud del rockerío chuleta,
que obvia los discursos para no aburrir con consignas ya implícitas en sus letras.
Porque luego vino “La lukto esta perdita”, homenaje a ese hermoso sueño
libertario que fue y es el esperanto.
Con “Veneno” volvimos a escuchar ese son tanguero de resonancias a lo Goran Bregovich,
si bien la voz de Alfredo Fernández estuviera un tanto tapada por un sonido que
en todo el concierto no llegó a alcanzar el nivel que el grupo se merecía.
Esto lo confirmamos con “La virgen de la soledad”, en cuyo solo de guitarra a
cargo de Joe Eceiza los sonidos se hicieron turbios, impidiendo diferenciar
instrumentos. Y es que, aunque LE PUNK no sean virtuosos intérpretes, funcionan
muy bien en directo. Son divertidos y cercanos. Hablan con el público como si nos
conocieran a todos, preguntan si ha parecido caro el concierto, bromean.
Y tocan cada canción con pasión.
Así lo hicieron con “Enemigo”, con “El telón” y “Vivir sin recordar” para la que
apareció Xoel, de Deluxe, transmitiendo otra dosis de ese colegueo que se
fragua en los tugurios.
Con “Mimi” vivimos el homenaje al “Minnie the moucher”, coreado por el público como
si estuviéramos en “Granujas a todo ritmo” y con “El basker” el concierto se desmadró
llegando a la mejor parte de la noche, con todos entregados a la juerga en manos
de Ignacio Villamar y su saxo y César Miranda al acordeón, con Alfredo a la mandolina,
que, por cierto, le dio más problemas técnicos que alegrías. “Así me va”, “Sol de
enero” y “Años” sirvieron para cerrar el concierto antes del bis con guiños al
“Baby please don´t go”.
Y llegó el bis, con “La piedra”, “La logia del canalla” y “Ventarrón”,
homenaje a Gardel.
Pero ningún concierto de LE PUNK puede acabar sin el gran himno del último disco
“No disparen al pianista”: sonó, por supuesto, “Compañeros”, con todos abrazados,
mirando al colega de al lado y diciéndole que aunque a veces la vida se pone cuesta
arriba, entre copas de vino podemos ser “compañeros durante quinientos años,
camaradas durante mil años más”. Porque también tenemos sentimientos, qué carajo.
Esta crítica, evidentemente, no es mía.
Es de Hector Checa
Partes de mí. Partes de Benedetti. Removamos conciencias.
Los dos reyes y los dos laberintos
Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo porque la confusión y la maravilla son obras propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto mejor y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y alcaldes y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: <<¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas escaleras que recorrer, ni muros que te veden el paso>>.
Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquel que no muere.
INICIO
Lo han arrojado del sueño con la piel estirada, los ojos desmesuradamente abiertos a la luz inmóvil que aletarga el cuarto. Puede reconocerse, sin embargo, nombrarse en alta voz. No bien dice «Jorge», retrocede el hechizo. Entonces le es dado adivinar relativamente lejos su propio pie sosteniendo la sábana, y, más cerca, su mano izquierda, sola, dormida aún, abandonada sobre el pecho, junto a La estancia vacía, de Morgan, abierto en la página ciento cincuenta y tres. Cuando la otra mano, la derecha, vuelve a tomar el libro entre sus dedos -el pulgar inmiscuido entre las hojas como otro lector- Jorge prueba a leer: «Se lo dije porque las palabras estaban llenas de vida para mí. ¿No ha escrito usted nunca una carta sin la intención de mandarla, y la ha puesto en un sobre sin la intención de mandarla, y ha salido con ella... todavía sin el propósito de enviarla; y entonces ha oído cómo caía en el buzón?» Sí, esto puede entenderse. Él sabe por qué se ha detenido allí y aceptado el tema. Además, se conoce resistente y lúcido, lo suficiente como para aplazar hasta hoy, si no la interpretación, al menos la continuación de cierto anhelo de la víspera.
Todavía sin plan, todavía desordenado y hosco, aparta la sábana con un ademán lento y se sienta en la cama, los pies apoyados sobre el piso desnudo, lejos de la alfombra. Es el momento oportuno para acercar los zapatos, los arqueados zapatos negros. Pero no acaba de decidirse. Mientras el frío de las baldosas va piernas arriba, caderas arriba, hasta lamer el vaho tibio de la cama, que aún perdura en su espalda, en su pecho, en sus hombros, conserva todavía en la cabeza -no tanto en la memoria- el sonido y el olor de anteayer, el olor y el sonido de la figura aborrecida y admirada, del hombre alto, calvo y afeitado, con el enorme vientre desafiante y las piernas firmes, un poco separadas. Aborrecido y admirado, no. Ni aborrecer ni admirar. Más bien sentir en la conciencia... menos que eso, en la boca, en las manos, en los ojos, la justificación del propio pudor, el asco indiferente hacia el hombre alto.
Quién sabe hasta dónde puede, podría obstinarse el pudor. Subsiste, pese al retroceso de los pensamientos, pese al estancamiento o la deformación de la vergüenza. El pudor tira hacia sí, porque es una especie de raíz de la raíz. Acaso, finalmente, el único camino hacia el altruismo.
Uno toma los calcetines de la víspera -pasos, umbrales, escalones-, uno toma los calcetines e introduce en cada uno de ellos el pie frío, violáceo de varices pequeñas, endurecido. Si comienza a vestirse es porque ha resuelto esquivar el baño matinal, por un inexplicable temor supersticioso a quedarse limpio de todo lo maquinado hasta ayer. Quedarse limpio, ¿por qué?, ¿de qué? Uno no tiene mayormente dudas sobre el fondo, sobre el origen, sobre el color moral del asunto. Las dudas -no vacilaciones: uno puede vacilar en dudar o lanzarse de lleno a la duda-, las dudas sólo son acerca del procedimiento, de detalles del procedimiento.
Sentirse vestido es, en cierto modo, acabar de despertarse. Ayuda a ayudarse, a desalojar la inseguridad, a ser. Uno se siente vestido y se halla listo para gobernar la mirada, para encerrarse en uno o para salir de uno, para agonizar irremediablemente o para estallar en la rutina. Percibe cómo la sangre reconoce su mundo y corre y vive. Y uno se siente vivir al ritmo de la sangre: aunque parezca mentira, uno se siente vivir al ritmo de la propia sangre. Aunque parezca mentira, la sangre también conserva el sonido y el olor de anteayer, cuando el hombre alto, calvo y afeitado que se llama Gálvez irrumpió en la sala de escritorios verdes y metálicos (todos estaban comentando el último partido y la original y atrevida tesis de Menéndez acerca del sistema M-W se basaba enteramente en la sabiduría de un comentarista de radio) y nadie supo que estaba allí, a tal punto que Silva le rozó el vientre enorme y desafiante al intentar reproducir la ejecución de un córner. Pero él quiso apoyarse, él, Gálvez, quiso apoyarse, antes de hablar, en un poco de desprecio, y para ello sonrió. Y estuvo bien, porque los otros oyeron la sonrisa y entendieron que debían sentarse cada uno detrás de su escritorio verde. Jorge le vio mover las cejas, que Gálvez movió porque Jorge lo miraba. Y cuando dijo «Ayolas», Jorge no dijo nada y los demás miraron y nada más. Era algo inexplicable, porque los otros pensaban: «Éste es Jorge Ayolas y no dice nada. » Y entonces Gálvez se irguió de veras y el vientre grande se estiró un poco al aumentar la distancia entre los muslos y las costillas. Y preguntó: «¿Por qué no vino ayer?» pero más bien preguntaba: «¿Usted se ha dado cuenta?», aunque en rigor él dijo lo otro y casi todos entendieron lo otro. Jorge sí podía entender, porque conocía al hombre alto, calvo y afeitado, y cuando estaba con él en el despacho, se olvidaba a veces de Jorge y actuaba y hablaba y pensaba como si Jorge no estuviera a sus espaldas, escribiendo o simplemente mirando la máquina.
Como ahora mira la taza blanca. Desde que desayuna con té-con-leche, siente el placer fácil de contemplar la taza blanca, rodeada de platillos con manteca, queso, dulce, pan tostado. Es un momento de intimidad, de soledad provechosa y desnuda. Se trata de algo simplemente creador, esto de acomodar la manteca en la rebanada, esto de dejar penetrar lentamente en el líquido los terrones de azúcar que sostiene la cucharilla. Ahora, con la taza a la altura de la boca y a través de su aureola humeante, puede verse la ventana de cielo, puede verse la ventana de nubes. Uno tiene en las manos el color de su día: rutina o estallido. Mas, para empezar, uno tiene en las manos el olor y el sonido de anteayer, cuando el hombre alto, calvo y afeitado preguntó: «¿Por qué no vino ayer?» Nada había para responder. Porque Gálvez se dirigía a Jorge Ayolas y --claro-- había olvidado que cuando entró en la sala ellos comentaban el último partido. Jorge entonces hizo eso. Se levantó y pasó frente a Gálvez sin decirle nada y salió hacia el despacho. Allí estaban los dos correveidiles: uno contador y otro periodista. Teclas importantes del teclado de Gálvez. Sabían conseguir. El contador conseguía mujeres. El periodista conseguía noticias. Solían desmedrarse con un odio recíproco y Gálvez extraía de la callada competencia un beneficio al margen: que a veces el contador consiguiera noticias, que a veces el periodista consiguiera mujeres. Cuando Gálvez regresó al despacho, los saludó --contra su costumbre- por encima del hombro. Ambos sintieron, cada uno a su modo, tímida nostalgia por la amistosa palmadita de siempre, por el alegre «¿Cómo va eso?», por el interesado «¿Qué novedades?» con que el jefe indicaba que podían comenzar. Se abstuvieron. Algo lamentable, porque el contador sabía de una rubia de órdago, probablemente de no imposible acceso, y para mayores garantías, casada. Algo lamentable, porque el periodista traía la buena nueva de que el Ministro aceptaba la modificación del artículo tercero, exigiendo solamente la participación de un inesperadamente módico treinta-por-ciento de los beneficios que el cambio proporcionaría a Gálvez. El periodista pensaba que el Ministro hacía mal en pedir ahora un porcentaje tan por debajo del tácito arancel, pero la verdad era que el Ministro «no quería comprometerse demasiado».
Ahora que Jorge va en ómnibus, por la Avenida, el espectáculo lo distrae de nuevo, mejor dicho, lo trae de su distracción. En la plataforma, la gente arracimada grita, bromea, maldice. Más adentro, Jorge hunde irremediablemente su nariz en la plétora de unos senos horizontales. Delante suyo. Jorge ve una cruz. Es la cruz que teóricamente debería colgar del pescuezo de la señora y que prácticamente se apoya en la meseta de carne hundible, de carne de sudor y agua colonia. Cuando en la Plaza Independencia bajen veinticinco o treinta pasajeros, acaso quede entonces espacio suficiente como para mover un poco la cabeza, a tiempo todavía para ver al guarda eructando provechosamente sobre la calvicie total de un viejo breve y deslomado. Mientras tanto (todavía está en Dieciocho y Paraguay) uno puede probar a apartarse de la obsesión de esta cruz que no es la de Cristo. La de Cristo estaba erguida y acusaba al cielo. La de la señora está echada y apunta al húmedo gaznate. Uno puede probar a apartar la atención de la cruz obsesionante, uno puede probar a rehallar el sonido y el olor de anteayer bajo las capas actuales del freno chirriante, del olor a sudoraguacolonia. Uno puede probar y ver a Gálvez revisando las cuentas, aparentemente revisando las cuentas y realmente pensando en que Jorge Ayolas está a sus espaldas, en que Jorge Ayolas sabe que él pasó dos noches con Celeste, que el periodista le consiguió a Celeste, que él pasó dos noches con Celeste, que el periodista le mintió a Celeste, dos noches con Celeste... Probar y ver a Gálvez levantándose y abriendo un cajoncito lateral que siempre está con doble llave y dejarlo esta vez un poco abierto y ver asomar por la rendija una culata de revólver y una novela de Pitigrilli. Probar y ver a Gálvez extrayendo del cajón un frasco con pastillas y luego cerrarlo sin pasar la llave. (Dos noches con Celeste.) Gálvez era amable, tibio, campechano (frío, egoísta, indiferente). Sabía serio (no lo sabía). Pero esta vez estaba tieso; sincera, inevitablemente tieso. Jorge podía mirarle la nuca, la nuca desnuda y sin coraje (... sin pasar la llave ... ), no sabía qué miedo trémulo sobre los hombros, qué antigua incertidumbre en las manos junto a aquel expediente que nadie lee. (Dos noches con Celeste.)
Ahora Jorge camina por Sarandí. «Soy otro», dice. Y lo es. El hombre que le precede, el hombre de gacho verde y traje gris, el hombre y él tienen algo para oír en común. Un chico que habla detrás de ellos. La voz del chico parece la de un grande que imita a un chico. Naturalmente, inhábil. Naturalmente, tonto. «Soy otro», dice. Y lo es (... sin pasar la llave ... ), La muchacha de adelante tiene piernas bonitas, bien torneadas, algo de timidez en las caderas. Tiene su propia dignidad. Uno puede pensar a capricho, puede formularse alguna invitación, puede hacer lo corriente. Pero esta mujer joven tiene su propia dignidad. Uno debe limitarse a mirar el pelo casi suelto rozándole la espalda, es decir, rozándole el saquito celeste, el saquito de lana celeste. Celeste. Celeste tiene mejores piernas, Celeste no tiene caderas tímidas. Uno no sabe si Celeste tiene su propia dignidad. La simpatía es, naturalmente, otra cosa. Uno se siente a gusto en la simpatía. Pero, naturalmente, es otra cosa. (Dos noches con Celeste.) Uno tiene que decidir. La dignidad pesa. La simpatía también pesa. Uno tiene que saber lo que hace «... y ha salido con ella... todavía sin el propósito de enviarla». Eso decía el libro de Morgan. De todas maneras, Celeste era algo. A veces, por la tarde, Jorge salía con ella, y hablaban. Alguna vez, la llevaba a la confitería y hablaban. Él no podía confiarse ni confiar. Tenía fe sin embargo en lo que ella no decía, en lo que ella ocultaba pensando que debía tener vergüenza y mientras pronunciaba correctas tonterías, impúdicamente correctas tonterías. Jorge tenía fe en su sinceridad -la de Celeste-, había apostado a favor de esa sinceridad débil y embrionario, contra la hipocresía robusta y evidente. Claro que si ella era hipócrita, la hipocresía era su sinceridad. No obstante, él creía creer que la sinceridad era su sinceridad.
El reloj de la Matriz da las nueve. Jorge dice: «Soy otro.» Y lo es. Hay algo manso y a la vez definido en su ser de ahora. (Dos noches con Celeste.) Había esperado moldearla de nuevo, mejor aún, poner su contenido en otro molde. Los elementos eran buenos, eran queridos, podían ser amados. Sólo faltaba hallar otra combinación. Una combinación que no fatigara al pudor. Al pudor de Jorge, dato. Tal vez por eso no la había besado nunca. Antes debía educarla para el beso. Para que no se engaña inconscientemente. Para que no besara sólo con los labios. Había esperado en sí mismo la emoción del esfuerzo, el conflicto entre educador y autoeducador. Cuántas veces había deseado oprimir la cintura imprudente. Cuántas veces lo había deseado sin deseo. Pero ella no tenía un talle tímido. Había esperado hacerla menos deseable, para desearla. Había querido aligerarla de un lastre inútil, de un inútil sobrante de sexualidad. En rigor, había querido dejarle su sexo a solas, un sexo puro sobre el que levantar el sentimiento. Había esperado amarla en lo que creía creer que era, y nada más. Que ella no inventara, que ella no agregara algo -pensando que era sexo- a su sexo a secas. La quería sin suburbios, sin sexo de pensamiento, sin sexo de imaginación, con su sexo a secas.
Ahora la oficina está un poco agitada. Todos creen saber algo. Aunque hablan del próximo paro del transporte, todos creen saber algo. Lo del paro es el recurso a que se echa mano cuando viene Gálvez, cuando se acerca Ayolas. Lo del paro es un tema de urgencia para cuando no se habla de Gálvez o de Ayolas. Los expedientes llegan, pero no se trabaja con los expedientes. Hay temas, hay asunto, hay comidilla. El clan moviliza sus veedores, el clan formula sus teorías, el clan divídese en varios clanes. «Gálvez sabe lo que hace. » «Ayolas cayó en desgracia.» «Es un inadaptado.» «Gálvez tiene la sartén por el mango.» «Al otro no lo cazan así nomás.» «¿Será a causa de Celeste?» Ellos están suaves con Ayolas. No quieren comprometerse. No le discuten. Él dice «Soy otro». Y lo es. (Dos noches con Celeste.) Frente al escritorio verde, frente al escritorio verde percibe, se siente cercado por el sonido y el olor de anteayer, cuando Gálvez quiso hablarle sereno, en el despacho, quiso serenamente entrar en su papel de cínico de afición, y por eso mismo tanto más admirable. Y le dijo: «¿Qué tal va eso, Ayolas? ¿Cómo van esas conquistas? A su edad -¡qué carajo!-, a su edad yo solía ... » Pero no solía porque "vez no tuvo jamás la edad de Jorge, porque no tuvo nunca el pudor de la edad de Jorge Ayolas. «A su edad, yo solía atraer a las mujercitas -las buenas inclusive- como la miel sus moscas. A su edad... (... el cajón cerrado, sin pasar la llave ... ). Ahora me he tranquilizado. Soy un hombre de hogar.» (Dos noches con Celeste.) El periodista y el contador habían sonreído, habían hallado a Jorge realmente cómico en su papel de callado dueño de Celeste, habían recogido íntegramente la abultada ironía del jefe.
Jorge Ayolas está nuevamente en el despacho. Solo. «Soy otro», dice. Y lo es. Uno puede pensar fríamente. Uno puede pensar fríamente en todo esto. Hay dos hechos. El hecho Gálvez y el hecho Celeste. Aunque le afecte, el hecho Celeste puede quedar así. Ella seguirá trabajando en la Oficina. Acaso Gálvez la traslade a su despacho y a él lo mande al Archivo. Ella resultó sincera en su hipocresía. Uno sólo puede culparse a sí mismo. Basta. El hecho Gálvez no le afecta. Lo ve con serenidad. Sin duda, es un brote epidémico. No le odia, sin embargo. ¿Por qué va a odiarle? ¿Porque pasó dos noches con Celeste? No, por cierto. ¿Porque anteayer se burló de él frente a los adulones? No, por cierto. El burlado fue Gálvez. Ayer Jorge no vino, para pensarlo mejor. Ayer lo pensó bien. Hoy lo sabe. «¿No ha escrito usted nunca una carta sin la intención de mandarla, y la ha puesto en un sobre sin la intención de mandarla, y ha salido con ella... todavía sin el propósito de enviarla, y entonces ... » Ahora es la voz de Gálvez, del hombre alto, calvo y afeitado, con un enorme vientre desafiante y las piernas firmes, un poco separadas. (Dos noches con Celeste.) Escasamente a un metro de su mano, a medio metro quizá, está el cajón sin llave. Está el cajón sin llave. Está el revólver. Uno piensa en lo que uno pensó, en lo que uno pensaba. Que la religión puede ser útil y perjudicial, según el temperamento de cada uno. Que la religión es útil cuando no puede hallarse la conciencia, cuando es un sucedáneo de la conciencia. Esto... abrir el cajón... esto Esto ESTO ¿es la conciencia? ("vez.) ¿Hay Dios? (Cayó.) ¿Es la conciencia? (Cayó de espaldas.) ¿Hay Dios? ( ... «y entonces ha oído cómo caía en el buzón»)... ¿Es la conciencia? (Sangra. Naturalmente, sangra.) ¿Dios? (Las piernas no están ya firmes ni separadas.) ¿La conciencia? (Bueno.) ¿Dios? (Bueno, está hecho.) ¿La conciencia? (El pudor. Sí. El pudor.)
Entran. Ya entran. Son todos ellos. Menéndez, el primero. Tiene una teoría sobre... Ella está también. Son veinte. Treinta. Ella está también... Ella. Celeste. Mueve los labios. Pero él lo sabe. Ella dijo: «Asesino.» Ella pensó: «Asesino.» Mejor. Algo menos para que uno rumie. Algo menos para que uno extrañe. Algo menos, sin duda... Mejor. Así nadie se da cuenta que uno está llorando, que uno no se da cuenta que uno está llorando.«Soy otro», dice. Pero no lo es.
La Salvación
Ésta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnica y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. "¿Cómo un ser tan ínfimo" - sin duda estaba pensando el tirano - "es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?".
Entonces un pájaro, que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. "Por humildes que sean" - dijo indicando el pájaro - "hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros".
NO SE CULPE A NADIE
El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo. Parecería que no lo es porque apenas la lana del pulóver se ha pegado otra vez a la tela de la camisa, la falta de costumbre de empezar por la otra manga dificulta todavía más la operación, y aunque se ha puesto a silbar de nuevo para distraerse siente que la mano avanza apenas y que sin alguna maniobra complementaria no conseguirá hacerla llegar nunca a la salida. Mejor todo al mismo tiempo, agachar la cabeza para calzarla a la altura del cuello del pulóver a la vez que mete el brazo libre en la otra manga enderezándola y tirando simultáneamente con los dos brazos y el cuello. En la repentina penumbra azul que lo envuelve parece absurdo seguir silbando, empieza a sentir como un calor en la cara aunque parte de la cabeza ya debería estar afuera, pero la frente y toda la cara siguen cubiertas y las manos andan apenas por la mitad de las mangas. por más que tira nada sale afuera y ahora se le ocurre pensar que a lo mejor se ha equivocado en esa especie de cólera irónica con que reanudó la tarea, y que ha hecho la tontería de meter la cabeza en una de las mangas y una mano en el cuello del pulóver. Si fuese así su mano tendría que salir fácilmente pero aunque tira con todas sus fuerzas no logra hacer avanzar ninguna de las dos manos, aunque en cambio, parecería que la cabeza está a punto de abrirse paso porque la lana azul le aprieta ahora con una fuerza casi irritante la nariz y la boca, lo sofoca más de lo que hubiera podido imaginarse, obligándolo a respirar profundamente mientras la lana se va humedeciendo contra la boca, probablemente desteñirá y le manchará la cara de azul. Por suerte en ese mismo momento su mano derecha asoma al aire al frío de afuera, por lo menos ya hay una afuera aunque la otra siga apresada en la manga, quizá era cierto que su mano derecha estaba metida en el cuello del pulóver por eso lo que él creía el cuello le está apretando de esa manera la cara sofocándolo cada vez más, y en cambio la mano ha podido salir fácilmente. De todos modos y para estar seguro lo único que puede hacer es seguir abriéndose paso respirando a fondo y dejando escapar el aire poco a poco, aunque sea absurdo porque nada le impide respirar perfectamente, salvo que el aire que traga está mezclado con pelusas de lana del cuello o de la manga del pulóver, y además hay el gusto del pulóver, ese gusto azul de la lana que le debe estar manchando la cara ahora que la humedad del aliento se mezcla cada vez más con la lana, y aunque no puede verlo porque si abre los ojos las pestañas tropiezan dolorosamente con la lana, está seguro de que el azul le va envolviendo la boca mojada, los agujeros de la nariz, le gana las mejillas, y todo eso lo va llenando de ansiedad y quisiera terminar de ponerse de una vez el pulóver sin contar que debe ser tarde y su mujer estará impacientándose en la puerta de la tienda. Se dice que lo más sensato es concentrar la atención en su mano derecha, porque esa mano por fuera del pulóver está en contacto con el aire frío de la habitación es como un anuncio de que ya falta poco y además puede ayudarlo, ir subiendo por la espalda hasta aferrar el borde inferior del pulóver con ese movimiento clásico que ayuda a ponerse cualquier pulóver tirando enérgicamente hacia abajo. Lo malo es que aunque la mano palpa la espalda buscando el borde de lana, parecería que el pulóver ha quedado completamente arrollado cerca del cuello y lo único que encuentra la mano es la camisa cada vez más arrugada y hasta salida en parte del pantalón, y de poco sirve traer la mano y querer tirar de la delantera del pulóver porque sobre el pecho no se siente más que la camisa, el pulóver debe haber pasado apenas por los hombros y estará ahí arrollado y tenso como si él tuviera los hombros demasiado anchos para ese pulóver lo que en definitiva prueba que realmente se ha equivocado y ha metido una mano en el cuello y la otra en una manga, con lo cual la distancia que va del cuello a una de las mangas es exactamente la mitad de la que va de una manga a otra, y eso explica que él tenga la cabeza un poco ladeada a la izquierda, del lado donde la mano sigue prisionera en la manga, si es la manga, y que en cambio su mano derecha que ya está afuera se mueva con toda libertad en el aire aunque no consiga hacer bajar el pulóver que sigue como arrollado en lo alto de su cuerpo. Irónicamente se le ocurre que si hubiera una silla cerca podría descansar y respirar mejor hasta ponerse del todo el pulóver, pero ha perdido la orientación después de haber girado tantas veces con esa especie de gimnasia eufórica que inicia siempre la colocación de una prenda de ropa y que tiene algo de paso de baile disimulado, que nadie puede reprochar porque responde a una finalidad utilitaria y no a culpables tendencias coreográficas. En el fondo la verdadera solución sería sacarse el pulóver puesto que no ha podido ponérselo, y comprobar la entrada correcta de cada mano en las mangas y de la cabeza en el cuello, pero la mano derecha desordenadamente sigue yendo y viniendo como si ya fuera ridículo renunciar a esa altura de las cosas, y en algún momento hasta obedece y sube a la altura de la cabeza y tira hacia arriba sin que él comprenda a tiempo que el pulóver se le ha pegado en la cara con esa gomosidad húmeda del aliento mezclado con el azul de la lana, y cuando la mano tira hacia arriba es un dolor como si le desgarraran las orejas y quisieran arrancarle las pestañas. Entonces más despacio, entonces hay que utilizar la mano metida en la manga izquierda, si es la manga y no el cuello, y para eso con la mano derecha ayudar a la mano izquierda para que pueda avanzar por la manga o retroceder y zafarse, aunque es casi imposible coordinar los movimientos de las dos manos, como si la mano izquierda fuese una rata metida en una jaula y desde afuera otra rata quisiera ayudarla a escaparse, a menos que en vez de ayudarla la esté mordiendo porque de golpe le duele la mano prisionera y a la vez la otra mano se hinca con todas sus fuerzas en eso que debe ser su mano y que le duele, le duele a tal punto que renuncia a quitarse el pulóver, prefiere intentar un último esfuerzo para sacar la cabeza fuera del cuello y la rata izquierda fuera de la jaula y lo intenta luchando con todo el cuerpo, echándose hacia adelante y hacia atrás, girando en medio de la habitación, si es que está en el medio porque ahora alcanza a pensar que la ventana ha quedado abierta y que es peligroso seguir girando a ciegas, prefiere detenerse aunque su mano derecha siga yendo y viniendo sin ocuparse del pulóver, aunque su mano izquierda le duela cada vez más como si tuviera los dedos mordidos o quemados, y sin embargo esa mano le obedece, contrayendo poco a poco los dedos lacerados alcanza a aferrar a través de la manga el borde del pulóver arrollado en el hombro, tira hacia abajo casi sin fuerza, le duele demasiado y haría falta que la mano derecha ayudara en vez de trepar o bajar inútilmente por las piernas en vez de pellizcarle el muslo como lo está haciendo, arañándolo y pellizcándolo a través de la ropa sin que pueda impedírselo porque toda su voluntad acaba en la mano izquierda, quizá ha caído de rodillas y se siente como colgado de la mano izquierda que tira una vez más del pulóver y de golpe es el frío en las cejas y en la frente, en los ojos, absurdamente no quiere abrir los ojos pero sabe que ha salido fuera, esa materia fría, esa delicia es el aire libre, y no quiere abrir los ojos y espera un segundo, dos segundos, se deja vivir en un tiempo frío y diferente, el tiempo de fuera del pulóver, está de rodillas y es hermoso estar así hasta que poco a poco agradecidamente entreabre los ojos libres de la baba azul de la lana de adentro, entreabre los ojos y ve las cinco uñas negras suspendidas apuntando a sus ojos, vibrando en el aire antes de saltar contra sus ojos, y tiene el tiempo de bajar los párpados y echarse atrás cubriéndose con la mano izquierda que es su mano, que es todo lo que le queda para que lo defienda desde dentro de la manga, para que tire hacia arriba el cuello del pulóver y la baba azul le envuelva otra vez la cara mientras se endereza para huir a otra parte, para llegar por fin a alguna parte sin mano y sin pulóver, donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe y lo acaricie doce pisos.
Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo porque la confusión y la maravilla son obras propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto mejor y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y alcaldes y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: <<¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas escaleras que recorrer, ni muros que te veden el paso>>.
Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquel que no muere.
INICIO
Lo han arrojado del sueño con la piel estirada, los ojos desmesuradamente abiertos a la luz inmóvil que aletarga el cuarto. Puede reconocerse, sin embargo, nombrarse en alta voz. No bien dice «Jorge», retrocede el hechizo. Entonces le es dado adivinar relativamente lejos su propio pie sosteniendo la sábana, y, más cerca, su mano izquierda, sola, dormida aún, abandonada sobre el pecho, junto a La estancia vacía, de Morgan, abierto en la página ciento cincuenta y tres. Cuando la otra mano, la derecha, vuelve a tomar el libro entre sus dedos -el pulgar inmiscuido entre las hojas como otro lector- Jorge prueba a leer: «Se lo dije porque las palabras estaban llenas de vida para mí. ¿No ha escrito usted nunca una carta sin la intención de mandarla, y la ha puesto en un sobre sin la intención de mandarla, y ha salido con ella... todavía sin el propósito de enviarla; y entonces ha oído cómo caía en el buzón?» Sí, esto puede entenderse. Él sabe por qué se ha detenido allí y aceptado el tema. Además, se conoce resistente y lúcido, lo suficiente como para aplazar hasta hoy, si no la interpretación, al menos la continuación de cierto anhelo de la víspera.
Todavía sin plan, todavía desordenado y hosco, aparta la sábana con un ademán lento y se sienta en la cama, los pies apoyados sobre el piso desnudo, lejos de la alfombra. Es el momento oportuno para acercar los zapatos, los arqueados zapatos negros. Pero no acaba de decidirse. Mientras el frío de las baldosas va piernas arriba, caderas arriba, hasta lamer el vaho tibio de la cama, que aún perdura en su espalda, en su pecho, en sus hombros, conserva todavía en la cabeza -no tanto en la memoria- el sonido y el olor de anteayer, el olor y el sonido de la figura aborrecida y admirada, del hombre alto, calvo y afeitado, con el enorme vientre desafiante y las piernas firmes, un poco separadas. Aborrecido y admirado, no. Ni aborrecer ni admirar. Más bien sentir en la conciencia... menos que eso, en la boca, en las manos, en los ojos, la justificación del propio pudor, el asco indiferente hacia el hombre alto.
Quién sabe hasta dónde puede, podría obstinarse el pudor. Subsiste, pese al retroceso de los pensamientos, pese al estancamiento o la deformación de la vergüenza. El pudor tira hacia sí, porque es una especie de raíz de la raíz. Acaso, finalmente, el único camino hacia el altruismo.
Uno toma los calcetines de la víspera -pasos, umbrales, escalones-, uno toma los calcetines e introduce en cada uno de ellos el pie frío, violáceo de varices pequeñas, endurecido. Si comienza a vestirse es porque ha resuelto esquivar el baño matinal, por un inexplicable temor supersticioso a quedarse limpio de todo lo maquinado hasta ayer. Quedarse limpio, ¿por qué?, ¿de qué? Uno no tiene mayormente dudas sobre el fondo, sobre el origen, sobre el color moral del asunto. Las dudas -no vacilaciones: uno puede vacilar en dudar o lanzarse de lleno a la duda-, las dudas sólo son acerca del procedimiento, de detalles del procedimiento.
Sentirse vestido es, en cierto modo, acabar de despertarse. Ayuda a ayudarse, a desalojar la inseguridad, a ser. Uno se siente vestido y se halla listo para gobernar la mirada, para encerrarse en uno o para salir de uno, para agonizar irremediablemente o para estallar en la rutina. Percibe cómo la sangre reconoce su mundo y corre y vive. Y uno se siente vivir al ritmo de la sangre: aunque parezca mentira, uno se siente vivir al ritmo de la propia sangre. Aunque parezca mentira, la sangre también conserva el sonido y el olor de anteayer, cuando el hombre alto, calvo y afeitado que se llama Gálvez irrumpió en la sala de escritorios verdes y metálicos (todos estaban comentando el último partido y la original y atrevida tesis de Menéndez acerca del sistema M-W se basaba enteramente en la sabiduría de un comentarista de radio) y nadie supo que estaba allí, a tal punto que Silva le rozó el vientre enorme y desafiante al intentar reproducir la ejecución de un córner. Pero él quiso apoyarse, él, Gálvez, quiso apoyarse, antes de hablar, en un poco de desprecio, y para ello sonrió. Y estuvo bien, porque los otros oyeron la sonrisa y entendieron que debían sentarse cada uno detrás de su escritorio verde. Jorge le vio mover las cejas, que Gálvez movió porque Jorge lo miraba. Y cuando dijo «Ayolas», Jorge no dijo nada y los demás miraron y nada más. Era algo inexplicable, porque los otros pensaban: «Éste es Jorge Ayolas y no dice nada. » Y entonces Gálvez se irguió de veras y el vientre grande se estiró un poco al aumentar la distancia entre los muslos y las costillas. Y preguntó: «¿Por qué no vino ayer?» pero más bien preguntaba: «¿Usted se ha dado cuenta?», aunque en rigor él dijo lo otro y casi todos entendieron lo otro. Jorge sí podía entender, porque conocía al hombre alto, calvo y afeitado, y cuando estaba con él en el despacho, se olvidaba a veces de Jorge y actuaba y hablaba y pensaba como si Jorge no estuviera a sus espaldas, escribiendo o simplemente mirando la máquina.
Como ahora mira la taza blanca. Desde que desayuna con té-con-leche, siente el placer fácil de contemplar la taza blanca, rodeada de platillos con manteca, queso, dulce, pan tostado. Es un momento de intimidad, de soledad provechosa y desnuda. Se trata de algo simplemente creador, esto de acomodar la manteca en la rebanada, esto de dejar penetrar lentamente en el líquido los terrones de azúcar que sostiene la cucharilla. Ahora, con la taza a la altura de la boca y a través de su aureola humeante, puede verse la ventana de cielo, puede verse la ventana de nubes. Uno tiene en las manos el color de su día: rutina o estallido. Mas, para empezar, uno tiene en las manos el olor y el sonido de anteayer, cuando el hombre alto, calvo y afeitado preguntó: «¿Por qué no vino ayer?» Nada había para responder. Porque Gálvez se dirigía a Jorge Ayolas y --claro-- había olvidado que cuando entró en la sala ellos comentaban el último partido. Jorge entonces hizo eso. Se levantó y pasó frente a Gálvez sin decirle nada y salió hacia el despacho. Allí estaban los dos correveidiles: uno contador y otro periodista. Teclas importantes del teclado de Gálvez. Sabían conseguir. El contador conseguía mujeres. El periodista conseguía noticias. Solían desmedrarse con un odio recíproco y Gálvez extraía de la callada competencia un beneficio al margen: que a veces el contador consiguiera noticias, que a veces el periodista consiguiera mujeres. Cuando Gálvez regresó al despacho, los saludó --contra su costumbre- por encima del hombro. Ambos sintieron, cada uno a su modo, tímida nostalgia por la amistosa palmadita de siempre, por el alegre «¿Cómo va eso?», por el interesado «¿Qué novedades?» con que el jefe indicaba que podían comenzar. Se abstuvieron. Algo lamentable, porque el contador sabía de una rubia de órdago, probablemente de no imposible acceso, y para mayores garantías, casada. Algo lamentable, porque el periodista traía la buena nueva de que el Ministro aceptaba la modificación del artículo tercero, exigiendo solamente la participación de un inesperadamente módico treinta-por-ciento de los beneficios que el cambio proporcionaría a Gálvez. El periodista pensaba que el Ministro hacía mal en pedir ahora un porcentaje tan por debajo del tácito arancel, pero la verdad era que el Ministro «no quería comprometerse demasiado».
Ahora que Jorge va en ómnibus, por la Avenida, el espectáculo lo distrae de nuevo, mejor dicho, lo trae de su distracción. En la plataforma, la gente arracimada grita, bromea, maldice. Más adentro, Jorge hunde irremediablemente su nariz en la plétora de unos senos horizontales. Delante suyo. Jorge ve una cruz. Es la cruz que teóricamente debería colgar del pescuezo de la señora y que prácticamente se apoya en la meseta de carne hundible, de carne de sudor y agua colonia. Cuando en la Plaza Independencia bajen veinticinco o treinta pasajeros, acaso quede entonces espacio suficiente como para mover un poco la cabeza, a tiempo todavía para ver al guarda eructando provechosamente sobre la calvicie total de un viejo breve y deslomado. Mientras tanto (todavía está en Dieciocho y Paraguay) uno puede probar a apartarse de la obsesión de esta cruz que no es la de Cristo. La de Cristo estaba erguida y acusaba al cielo. La de la señora está echada y apunta al húmedo gaznate. Uno puede probar a apartar la atención de la cruz obsesionante, uno puede probar a rehallar el sonido y el olor de anteayer bajo las capas actuales del freno chirriante, del olor a sudoraguacolonia. Uno puede probar y ver a Gálvez revisando las cuentas, aparentemente revisando las cuentas y realmente pensando en que Jorge Ayolas está a sus espaldas, en que Jorge Ayolas sabe que él pasó dos noches con Celeste, que el periodista le consiguió a Celeste, que él pasó dos noches con Celeste, que el periodista le mintió a Celeste, dos noches con Celeste... Probar y ver a Gálvez levantándose y abriendo un cajoncito lateral que siempre está con doble llave y dejarlo esta vez un poco abierto y ver asomar por la rendija una culata de revólver y una novela de Pitigrilli. Probar y ver a Gálvez extrayendo del cajón un frasco con pastillas y luego cerrarlo sin pasar la llave. (Dos noches con Celeste.) Gálvez era amable, tibio, campechano (frío, egoísta, indiferente). Sabía serio (no lo sabía). Pero esta vez estaba tieso; sincera, inevitablemente tieso. Jorge podía mirarle la nuca, la nuca desnuda y sin coraje (... sin pasar la llave ... ), no sabía qué miedo trémulo sobre los hombros, qué antigua incertidumbre en las manos junto a aquel expediente que nadie lee. (Dos noches con Celeste.)
Ahora Jorge camina por Sarandí. «Soy otro», dice. Y lo es. El hombre que le precede, el hombre de gacho verde y traje gris, el hombre y él tienen algo para oír en común. Un chico que habla detrás de ellos. La voz del chico parece la de un grande que imita a un chico. Naturalmente, inhábil. Naturalmente, tonto. «Soy otro», dice. Y lo es (... sin pasar la llave ... ), La muchacha de adelante tiene piernas bonitas, bien torneadas, algo de timidez en las caderas. Tiene su propia dignidad. Uno puede pensar a capricho, puede formularse alguna invitación, puede hacer lo corriente. Pero esta mujer joven tiene su propia dignidad. Uno debe limitarse a mirar el pelo casi suelto rozándole la espalda, es decir, rozándole el saquito celeste, el saquito de lana celeste. Celeste. Celeste tiene mejores piernas, Celeste no tiene caderas tímidas. Uno no sabe si Celeste tiene su propia dignidad. La simpatía es, naturalmente, otra cosa. Uno se siente a gusto en la simpatía. Pero, naturalmente, es otra cosa. (Dos noches con Celeste.) Uno tiene que decidir. La dignidad pesa. La simpatía también pesa. Uno tiene que saber lo que hace «... y ha salido con ella... todavía sin el propósito de enviarla». Eso decía el libro de Morgan. De todas maneras, Celeste era algo. A veces, por la tarde, Jorge salía con ella, y hablaban. Alguna vez, la llevaba a la confitería y hablaban. Él no podía confiarse ni confiar. Tenía fe sin embargo en lo que ella no decía, en lo que ella ocultaba pensando que debía tener vergüenza y mientras pronunciaba correctas tonterías, impúdicamente correctas tonterías. Jorge tenía fe en su sinceridad -la de Celeste-, había apostado a favor de esa sinceridad débil y embrionario, contra la hipocresía robusta y evidente. Claro que si ella era hipócrita, la hipocresía era su sinceridad. No obstante, él creía creer que la sinceridad era su sinceridad.
El reloj de la Matriz da las nueve. Jorge dice: «Soy otro.» Y lo es. Hay algo manso y a la vez definido en su ser de ahora. (Dos noches con Celeste.) Había esperado moldearla de nuevo, mejor aún, poner su contenido en otro molde. Los elementos eran buenos, eran queridos, podían ser amados. Sólo faltaba hallar otra combinación. Una combinación que no fatigara al pudor. Al pudor de Jorge, dato. Tal vez por eso no la había besado nunca. Antes debía educarla para el beso. Para que no se engaña inconscientemente. Para que no besara sólo con los labios. Había esperado en sí mismo la emoción del esfuerzo, el conflicto entre educador y autoeducador. Cuántas veces había deseado oprimir la cintura imprudente. Cuántas veces lo había deseado sin deseo. Pero ella no tenía un talle tímido. Había esperado hacerla menos deseable, para desearla. Había querido aligerarla de un lastre inútil, de un inútil sobrante de sexualidad. En rigor, había querido dejarle su sexo a solas, un sexo puro sobre el que levantar el sentimiento. Había esperado amarla en lo que creía creer que era, y nada más. Que ella no inventara, que ella no agregara algo -pensando que era sexo- a su sexo a secas. La quería sin suburbios, sin sexo de pensamiento, sin sexo de imaginación, con su sexo a secas.
Ahora la oficina está un poco agitada. Todos creen saber algo. Aunque hablan del próximo paro del transporte, todos creen saber algo. Lo del paro es el recurso a que se echa mano cuando viene Gálvez, cuando se acerca Ayolas. Lo del paro es un tema de urgencia para cuando no se habla de Gálvez o de Ayolas. Los expedientes llegan, pero no se trabaja con los expedientes. Hay temas, hay asunto, hay comidilla. El clan moviliza sus veedores, el clan formula sus teorías, el clan divídese en varios clanes. «Gálvez sabe lo que hace. » «Ayolas cayó en desgracia.» «Es un inadaptado.» «Gálvez tiene la sartén por el mango.» «Al otro no lo cazan así nomás.» «¿Será a causa de Celeste?» Ellos están suaves con Ayolas. No quieren comprometerse. No le discuten. Él dice «Soy otro». Y lo es. (Dos noches con Celeste.) Frente al escritorio verde, frente al escritorio verde percibe, se siente cercado por el sonido y el olor de anteayer, cuando Gálvez quiso hablarle sereno, en el despacho, quiso serenamente entrar en su papel de cínico de afición, y por eso mismo tanto más admirable. Y le dijo: «¿Qué tal va eso, Ayolas? ¿Cómo van esas conquistas? A su edad -¡qué carajo!-, a su edad yo solía ... » Pero no solía porque "vez no tuvo jamás la edad de Jorge, porque no tuvo nunca el pudor de la edad de Jorge Ayolas. «A su edad, yo solía atraer a las mujercitas -las buenas inclusive- como la miel sus moscas. A su edad... (... el cajón cerrado, sin pasar la llave ... ). Ahora me he tranquilizado. Soy un hombre de hogar.» (Dos noches con Celeste.) El periodista y el contador habían sonreído, habían hallado a Jorge realmente cómico en su papel de callado dueño de Celeste, habían recogido íntegramente la abultada ironía del jefe.
Jorge Ayolas está nuevamente en el despacho. Solo. «Soy otro», dice. Y lo es. Uno puede pensar fríamente. Uno puede pensar fríamente en todo esto. Hay dos hechos. El hecho Gálvez y el hecho Celeste. Aunque le afecte, el hecho Celeste puede quedar así. Ella seguirá trabajando en la Oficina. Acaso Gálvez la traslade a su despacho y a él lo mande al Archivo. Ella resultó sincera en su hipocresía. Uno sólo puede culparse a sí mismo. Basta. El hecho Gálvez no le afecta. Lo ve con serenidad. Sin duda, es un brote epidémico. No le odia, sin embargo. ¿Por qué va a odiarle? ¿Porque pasó dos noches con Celeste? No, por cierto. ¿Porque anteayer se burló de él frente a los adulones? No, por cierto. El burlado fue Gálvez. Ayer Jorge no vino, para pensarlo mejor. Ayer lo pensó bien. Hoy lo sabe. «¿No ha escrito usted nunca una carta sin la intención de mandarla, y la ha puesto en un sobre sin la intención de mandarla, y ha salido con ella... todavía sin el propósito de enviarla, y entonces ... » Ahora es la voz de Gálvez, del hombre alto, calvo y afeitado, con un enorme vientre desafiante y las piernas firmes, un poco separadas. (Dos noches con Celeste.) Escasamente a un metro de su mano, a medio metro quizá, está el cajón sin llave. Está el cajón sin llave. Está el revólver. Uno piensa en lo que uno pensó, en lo que uno pensaba. Que la religión puede ser útil y perjudicial, según el temperamento de cada uno. Que la religión es útil cuando no puede hallarse la conciencia, cuando es un sucedáneo de la conciencia. Esto... abrir el cajón... esto Esto ESTO ¿es la conciencia? ("vez.) ¿Hay Dios? (Cayó.) ¿Es la conciencia? (Cayó de espaldas.) ¿Hay Dios? ( ... «y entonces ha oído cómo caía en el buzón»)... ¿Es la conciencia? (Sangra. Naturalmente, sangra.) ¿Dios? (Las piernas no están ya firmes ni separadas.) ¿La conciencia? (Bueno.) ¿Dios? (Bueno, está hecho.) ¿La conciencia? (El pudor. Sí. El pudor.)
Entran. Ya entran. Son todos ellos. Menéndez, el primero. Tiene una teoría sobre... Ella está también. Son veinte. Treinta. Ella está también... Ella. Celeste. Mueve los labios. Pero él lo sabe. Ella dijo: «Asesino.» Ella pensó: «Asesino.» Mejor. Algo menos para que uno rumie. Algo menos para que uno extrañe. Algo menos, sin duda... Mejor. Así nadie se da cuenta que uno está llorando, que uno no se da cuenta que uno está llorando.«Soy otro», dice. Pero no lo es.
La Salvación
Ésta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnica y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. "¿Cómo un ser tan ínfimo" - sin duda estaba pensando el tirano - "es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?".
Entonces un pájaro, que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. "Por humildes que sean" - dijo indicando el pájaro - "hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros".
NO SE CULPE A NADIE
El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo. Parecería que no lo es porque apenas la lana del pulóver se ha pegado otra vez a la tela de la camisa, la falta de costumbre de empezar por la otra manga dificulta todavía más la operación, y aunque se ha puesto a silbar de nuevo para distraerse siente que la mano avanza apenas y que sin alguna maniobra complementaria no conseguirá hacerla llegar nunca a la salida. Mejor todo al mismo tiempo, agachar la cabeza para calzarla a la altura del cuello del pulóver a la vez que mete el brazo libre en la otra manga enderezándola y tirando simultáneamente con los dos brazos y el cuello. En la repentina penumbra azul que lo envuelve parece absurdo seguir silbando, empieza a sentir como un calor en la cara aunque parte de la cabeza ya debería estar afuera, pero la frente y toda la cara siguen cubiertas y las manos andan apenas por la mitad de las mangas. por más que tira nada sale afuera y ahora se le ocurre pensar que a lo mejor se ha equivocado en esa especie de cólera irónica con que reanudó la tarea, y que ha hecho la tontería de meter la cabeza en una de las mangas y una mano en el cuello del pulóver. Si fuese así su mano tendría que salir fácilmente pero aunque tira con todas sus fuerzas no logra hacer avanzar ninguna de las dos manos, aunque en cambio, parecería que la cabeza está a punto de abrirse paso porque la lana azul le aprieta ahora con una fuerza casi irritante la nariz y la boca, lo sofoca más de lo que hubiera podido imaginarse, obligándolo a respirar profundamente mientras la lana se va humedeciendo contra la boca, probablemente desteñirá y le manchará la cara de azul. Por suerte en ese mismo momento su mano derecha asoma al aire al frío de afuera, por lo menos ya hay una afuera aunque la otra siga apresada en la manga, quizá era cierto que su mano derecha estaba metida en el cuello del pulóver por eso lo que él creía el cuello le está apretando de esa manera la cara sofocándolo cada vez más, y en cambio la mano ha podido salir fácilmente. De todos modos y para estar seguro lo único que puede hacer es seguir abriéndose paso respirando a fondo y dejando escapar el aire poco a poco, aunque sea absurdo porque nada le impide respirar perfectamente, salvo que el aire que traga está mezclado con pelusas de lana del cuello o de la manga del pulóver, y además hay el gusto del pulóver, ese gusto azul de la lana que le debe estar manchando la cara ahora que la humedad del aliento se mezcla cada vez más con la lana, y aunque no puede verlo porque si abre los ojos las pestañas tropiezan dolorosamente con la lana, está seguro de que el azul le va envolviendo la boca mojada, los agujeros de la nariz, le gana las mejillas, y todo eso lo va llenando de ansiedad y quisiera terminar de ponerse de una vez el pulóver sin contar que debe ser tarde y su mujer estará impacientándose en la puerta de la tienda. Se dice que lo más sensato es concentrar la atención en su mano derecha, porque esa mano por fuera del pulóver está en contacto con el aire frío de la habitación es como un anuncio de que ya falta poco y además puede ayudarlo, ir subiendo por la espalda hasta aferrar el borde inferior del pulóver con ese movimiento clásico que ayuda a ponerse cualquier pulóver tirando enérgicamente hacia abajo. Lo malo es que aunque la mano palpa la espalda buscando el borde de lana, parecería que el pulóver ha quedado completamente arrollado cerca del cuello y lo único que encuentra la mano es la camisa cada vez más arrugada y hasta salida en parte del pantalón, y de poco sirve traer la mano y querer tirar de la delantera del pulóver porque sobre el pecho no se siente más que la camisa, el pulóver debe haber pasado apenas por los hombros y estará ahí arrollado y tenso como si él tuviera los hombros demasiado anchos para ese pulóver lo que en definitiva prueba que realmente se ha equivocado y ha metido una mano en el cuello y la otra en una manga, con lo cual la distancia que va del cuello a una de las mangas es exactamente la mitad de la que va de una manga a otra, y eso explica que él tenga la cabeza un poco ladeada a la izquierda, del lado donde la mano sigue prisionera en la manga, si es la manga, y que en cambio su mano derecha que ya está afuera se mueva con toda libertad en el aire aunque no consiga hacer bajar el pulóver que sigue como arrollado en lo alto de su cuerpo. Irónicamente se le ocurre que si hubiera una silla cerca podría descansar y respirar mejor hasta ponerse del todo el pulóver, pero ha perdido la orientación después de haber girado tantas veces con esa especie de gimnasia eufórica que inicia siempre la colocación de una prenda de ropa y que tiene algo de paso de baile disimulado, que nadie puede reprochar porque responde a una finalidad utilitaria y no a culpables tendencias coreográficas. En el fondo la verdadera solución sería sacarse el pulóver puesto que no ha podido ponérselo, y comprobar la entrada correcta de cada mano en las mangas y de la cabeza en el cuello, pero la mano derecha desordenadamente sigue yendo y viniendo como si ya fuera ridículo renunciar a esa altura de las cosas, y en algún momento hasta obedece y sube a la altura de la cabeza y tira hacia arriba sin que él comprenda a tiempo que el pulóver se le ha pegado en la cara con esa gomosidad húmeda del aliento mezclado con el azul de la lana, y cuando la mano tira hacia arriba es un dolor como si le desgarraran las orejas y quisieran arrancarle las pestañas. Entonces más despacio, entonces hay que utilizar la mano metida en la manga izquierda, si es la manga y no el cuello, y para eso con la mano derecha ayudar a la mano izquierda para que pueda avanzar por la manga o retroceder y zafarse, aunque es casi imposible coordinar los movimientos de las dos manos, como si la mano izquierda fuese una rata metida en una jaula y desde afuera otra rata quisiera ayudarla a escaparse, a menos que en vez de ayudarla la esté mordiendo porque de golpe le duele la mano prisionera y a la vez la otra mano se hinca con todas sus fuerzas en eso que debe ser su mano y que le duele, le duele a tal punto que renuncia a quitarse el pulóver, prefiere intentar un último esfuerzo para sacar la cabeza fuera del cuello y la rata izquierda fuera de la jaula y lo intenta luchando con todo el cuerpo, echándose hacia adelante y hacia atrás, girando en medio de la habitación, si es que está en el medio porque ahora alcanza a pensar que la ventana ha quedado abierta y que es peligroso seguir girando a ciegas, prefiere detenerse aunque su mano derecha siga yendo y viniendo sin ocuparse del pulóver, aunque su mano izquierda le duela cada vez más como si tuviera los dedos mordidos o quemados, y sin embargo esa mano le obedece, contrayendo poco a poco los dedos lacerados alcanza a aferrar a través de la manga el borde del pulóver arrollado en el hombro, tira hacia abajo casi sin fuerza, le duele demasiado y haría falta que la mano derecha ayudara en vez de trepar o bajar inútilmente por las piernas en vez de pellizcarle el muslo como lo está haciendo, arañándolo y pellizcándolo a través de la ropa sin que pueda impedírselo porque toda su voluntad acaba en la mano izquierda, quizá ha caído de rodillas y se siente como colgado de la mano izquierda que tira una vez más del pulóver y de golpe es el frío en las cejas y en la frente, en los ojos, absurdamente no quiere abrir los ojos pero sabe que ha salido fuera, esa materia fría, esa delicia es el aire libre, y no quiere abrir los ojos y espera un segundo, dos segundos, se deja vivir en un tiempo frío y diferente, el tiempo de fuera del pulóver, está de rodillas y es hermoso estar así hasta que poco a poco agradecidamente entreabre los ojos libres de la baba azul de la lana de adentro, entreabre los ojos y ve las cinco uñas negras suspendidas apuntando a sus ojos, vibrando en el aire antes de saltar contra sus ojos, y tiene el tiempo de bajar los párpados y echarse atrás cubriéndose con la mano izquierda que es su mano, que es todo lo que le queda para que lo defienda desde dentro de la manga, para que tire hacia arriba el cuello del pulóver y la baba azul le envuelva otra vez la cara mientras se endereza para huir a otra parte, para llegar por fin a alguna parte sin mano y sin pulóver, donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe y lo acaricie doce pisos.
De compras
Yo una vez soñé que me regalaban este bolso tan lindo. Ahora me lo han robado.
www.fotolog.com/bottonpop´s
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the gift
It's because I met you
It's because I'm here
It's because I felt you
It's because I'm near
That's the reason why
You don't have to go
The reason that I adore you
You know
(It's because I met you)
It's because I met you
(It's because I need you)
It's because I feel you
(It's because I want you)
It's because I love you
You put me into it
And now you want me to leave
I'll tell you all the reasons
It's a question of love
[Be strong, be weak, beware]
It's because I met you
It's because I'm here
It's because I felt you
It's because I'm near
That's the reason why
you don't have to go
The reason that I adore you
you know
You have nothing to lose
(It's because I met you)
It's because I met you
(It's because I need you)
It's because I feel you
(It's because I want you)
It's because I love you
You put me into it
And now you want me to leave
I'll tell you all the reasons
It's a question of love
It's a question of love
It's a question of love...
You have nothing to lose
(It's because I met you)
It's because I met you
(It's because I need you)
It's because I feel you
(It's because I want you)
It's because I love you
You put me into it
And now you want me to leave
It's because I'm here
It's because I felt you
It's because I'm near
That's the reason why
You don't have to go
The reason that I adore you
You know
(It's because I met you)
It's because I met you
(It's because I need you)
It's because I feel you
(It's because I want you)
It's because I love you
You put me into it
And now you want me to leave
I'll tell you all the reasons
It's a question of love
[Be strong, be weak, beware]
It's because I met you
It's because I'm here
It's because I felt you
It's because I'm near
That's the reason why
you don't have to go
The reason that I adore you
you know
You have nothing to lose
(It's because I met you)
It's because I met you
(It's because I need you)
It's because I feel you
(It's because I want you)
It's because I love you
You put me into it
And now you want me to leave
I'll tell you all the reasons
It's a question of love
It's a question of love
It's a question of love...
You have nothing to lose
(It's because I met you)
It's because I met you
(It's because I need you)
It's because I feel you
(It's because I want you)
It's because I love you
You put me into it
And now you want me to leave
En tu ausencia...
Se me acaban los colores de la paleta.
Se me duermen las ideas y los sueños se suicidan en cualquier precipicio.
No sé vestirme con el traje de flores que te dediqué a ti.
Y más cuando me haces soñar que puedo dormir contigo, sólo dormir.
Porque no te sirvo para nada más.
Se me duermen las ideas y los sueños se suicidan en cualquier precipicio.
No sé vestirme con el traje de flores que te dediqué a ti.
Y más cuando me haces soñar que puedo dormir contigo, sólo dormir.
Porque no te sirvo para nada más.
Desolado...
Una vez, solamente una vez, ya lo ves
Y no fueron mis pies
Que fueron mis manos las que se enredaron una vez.Solamente una vez
Y por más que lo pienso siempre noto el peso.
Volvería a caer, volvería a saber
Que aunque tú me pierdas
Yo siempre me encuentro contigo.
Cuando vienes vas, cuando vas no estás
Y yo vivo enganchá a los pasos que das.
Yo no quise correr, solamente una vez
Me mandaron los pies.
¿DÓNDE VAS TAN SOLO Y TAN TARDE?
QUE NO TE ACUERDAS DE NADIE
CUANDO VAS CERRAO, SOLITO POR LA CALLE
¿DÓNDE VAS? ¿DÓNDE VAS?
Una vez, solamente una vez, ya lo ves
Una vez te perdí, una vez te seguí
Una vez, y dos, y tres
Una vez me enamoré del lado oscuro
De lo más chungo
Di tantas vueltas
Que perdí el rumbo.
¿DÓNDE VAS TAN SOLO Y TAN TARDE?
QUE NO TE ACUERDAS DE NADIE
CUANDO VAS CERRAO, SOLITO POR LA CALLE.
¿DÓNDE VAS?
¿DÓNDE VAS TAN SOLA Y TAN TARDE?
QUE OLVIDÉ LOS DETALLES
PORQUE VOY CERRÁ, SOLITA POR LA CALLE.
Solitos por la calle por la calle desidia
Que es dónde se pierden los niños que no van de excursión.
Decides perderme.
Esta vez no vas a tener más oportunidades.
Siempre has decidido dejar de hablarme sin saber las razones y luego entrometerte de nuevo en mi vida.
Esta vez, espero que seas consciente, de que te alejas para no volver.
Y no fueron mis pies
Que fueron mis manos las que se enredaron una vez.Solamente una vez
Y por más que lo pienso siempre noto el peso.
Volvería a caer, volvería a saber
Que aunque tú me pierdas
Yo siempre me encuentro contigo.
Cuando vienes vas, cuando vas no estás
Y yo vivo enganchá a los pasos que das.
Yo no quise correr, solamente una vez
Me mandaron los pies.
¿DÓNDE VAS TAN SOLO Y TAN TARDE?
QUE NO TE ACUERDAS DE NADIE
CUANDO VAS CERRAO, SOLITO POR LA CALLE
¿DÓNDE VAS? ¿DÓNDE VAS?
Una vez, solamente una vez, ya lo ves
Una vez te perdí, una vez te seguí
Una vez, y dos, y tres
Una vez me enamoré del lado oscuro
De lo más chungo
Di tantas vueltas
Que perdí el rumbo.
¿DÓNDE VAS TAN SOLO Y TAN TARDE?
QUE NO TE ACUERDAS DE NADIE
CUANDO VAS CERRAO, SOLITO POR LA CALLE.
¿DÓNDE VAS?
¿DÓNDE VAS TAN SOLA Y TAN TARDE?
QUE OLVIDÉ LOS DETALLES
PORQUE VOY CERRÁ, SOLITA POR LA CALLE.
Solitos por la calle por la calle desidia
Que es dónde se pierden los niños que no van de excursión.
Decides perderme.
Esta vez no vas a tener más oportunidades.
Siempre has decidido dejar de hablarme sin saber las razones y luego entrometerte de nuevo en mi vida.
Esta vez, espero que seas consciente, de que te alejas para no volver.
Todo tiende a ser igual
Mentira, todo es mentira
los sueños y las ilusiones sin timón hacia la deriva
susurran callaítas, mares, cielos y ríos
tierras lejanas, madres y niñas
testigos de un tiempo, de tanto odio y tanta injusticia.
Miraba las estrellas una noche de verano
Buscando la ternura, que tuvo y no volverá.
Juguete de papel desvanecía en sus manos
Inocencia que tuvo y no volverá.
(Gotillas de Mentira de Ojos de Brujo)
los sueños y las ilusiones sin timón hacia la deriva
susurran callaítas, mares, cielos y ríos
tierras lejanas, madres y niñas
testigos de un tiempo, de tanto odio y tanta injusticia.
Miraba las estrellas una noche de verano
Buscando la ternura, que tuvo y no volverá.
Juguete de papel desvanecía en sus manos
Inocencia que tuvo y no volverá.
(Gotillas de Mentira de Ojos de Brujo)
Ergo
No me tiendas la mano para ahogarme.
Yo quiero seguir bailando.
El juego de siempre, al menos está vez no me perdí entre tus sábanas.
Luchas por lo que quieres.
Por mí no luchar,
Ergo...
Yo quiero seguir bailando.
El juego de siempre, al menos está vez no me perdí entre tus sábanas.
Luchas por lo que quieres.
Por mí no luchar,
Ergo...
Corre, corre.
Historias de perdedores
siempre ha habido y siempre habrá historias de almas gemelas
valientes ante el azar.
Historias de perdedoras
siempre ha habido y siempre habrá
historias de almas que vuelan
de esta cruda realidad.
Corre Lola corre
Corre alto y vuela
Lejos de estas calles
Donde reparten miseria
Corre Lola corre
Corre alto y vuela
Lejos de este infierno
que te va a llevar a la trena
¡¡¡Corre Lola corre!!!
Deambulando por la calle
sin nada en los bolsillos
nada que ganar todo que perder
sabiendo que te has ido
que espero yo de un mundo
donde vales lo que tienes
y yo no tengo ná de ná
Desesperá por la calle
buscando una salida
donde poder escapar
miradas por las esquinas
mientras lucen aparentes
mente en blanco y solamente
tú buscando un trago más
Y ésta es la vida que dice,
La vide que empuja, empuja
Y ésta es la vida que dice,
La vide que empuja, empuja
Y ésta es la vida que dice,
La vide que empuja, empuja
Y ésta es la vida que empuja
Empuja, empuja, empuja
Yo no tengo más
ay! que este corazón
Guardo la distancio
ay! entre tú y yo
Ni pena ni gloria
Si esto es una noria
Cariño sincero
Añejo sabe mejor
Ya no quiero ná más ná
que yo ya lo tengo tó
Guardo tu recuerdo
Tengo tu calor
Ni pena ni gloria
Si esto es una noria
Corre Lola libre
así es como te quiero yo.
Es la vida la que empuja y la que aprieta
quien conoce el camino de vuelta
Es la vida la que empuja y la que aprieta.
Corre, Lola, corre. Ojos de Brujo.
siempre ha habido y siempre habrá historias de almas gemelas
valientes ante el azar.
Historias de perdedoras
siempre ha habido y siempre habrá
historias de almas que vuelan
de esta cruda realidad.
Corre Lola corre
Corre alto y vuela
Lejos de estas calles
Donde reparten miseria
Corre Lola corre
Corre alto y vuela
Lejos de este infierno
que te va a llevar a la trena
¡¡¡Corre Lola corre!!!
Deambulando por la calle
sin nada en los bolsillos
nada que ganar todo que perder
sabiendo que te has ido
que espero yo de un mundo
donde vales lo que tienes
y yo no tengo ná de ná
Desesperá por la calle
buscando una salida
donde poder escapar
miradas por las esquinas
mientras lucen aparentes
mente en blanco y solamente
tú buscando un trago más
Y ésta es la vida que dice,
La vide que empuja, empuja
Y ésta es la vida que dice,
La vide que empuja, empuja
Y ésta es la vida que dice,
La vide que empuja, empuja
Y ésta es la vida que empuja
Empuja, empuja, empuja
Yo no tengo más
ay! que este corazón
Guardo la distancio
ay! entre tú y yo
Ni pena ni gloria
Si esto es una noria
Cariño sincero
Añejo sabe mejor
Ya no quiero ná más ná
que yo ya lo tengo tó
Guardo tu recuerdo
Tengo tu calor
Ni pena ni gloria
Si esto es una noria
Corre Lola libre
así es como te quiero yo.
Es la vida la que empuja y la que aprieta
quien conoce el camino de vuelta
Es la vida la que empuja y la que aprieta.
Corre, Lola, corre. Ojos de Brujo.
Regalices
Tengo sueño me pasa por ser inquieta y por madrugar.
Pero no nos duelen los pies para bailar.
Rumbeta bona.
Cometas y dulces.
Siempre.
Pero no nos duelen los pies para bailar.
Rumbeta bona.
Cometas y dulces.
Siempre.
Ssssssssshhhhhhhhhhhhhhhh
45 minutos sí que podemos disfrutarlos.
A vueltas con lo mismo.
Diría Galeano que no ha justicia.
A vueltas con lo mismo.
Diría Galeano que no ha justicia.
The gift
Parece que su voz me susurra,
que sólo quiere contármelo a mí.
De repente siente que me agobio que no quiero recordar
y me agita, me reclama que grite, que salte, que me agote.
Hoy y siempre, agotada que no muerta.
Resultado de la acción,
no hay tiempo para pararse a pensar en lo que se hace,
sólo para hacer, correr, volar, saltar, bailar,...
sin fin.
Front of you
que sólo quiere contármelo a mí.
De repente siente que me agobio que no quiero recordar
y me agita, me reclama que grite, que salte, que me agote.
Hoy y siempre, agotada que no muerta.
Resultado de la acción,
no hay tiempo para pararse a pensar en lo que se hace,
sólo para hacer, correr, volar, saltar, bailar,...
sin fin.
Front of you
You.....
You will be my love.
narananana
parapàpapa.
Los detectives salvajes.
Mil utopías que se pegan a la piés como sanguijuelas,
hambrientas de la nada.
narananana
parapàpapa.
Los detectives salvajes.
Mil utopías que se pegan a la piés como sanguijuelas,
hambrientas de la nada.
Hablando del tema
Ayer mismo pude, pero poder no es querer siempre.
Y yo no quiero.
Yo no soy la que comparto dos camas a la vez.
Mejor no hablamos demasiado del pasado,
vaya a ser que te llamen la atención.
Y yo no quiero.
Yo no soy la que comparto dos camas a la vez.
Mejor no hablamos demasiado del pasado,
vaya a ser que te llamen la atención.
Feliz
Feliz de haber vivido lo vivido,
Feliz de haber destruído miedo.
Feliz de haber estado tan viva!
Pasitos de colores...
Y en la soledad del exilio:
- Escher
- CND2
- CDN Jean Jenet.
Feliz de haber destruído miedo.
Feliz de haber estado tan viva!
Pasitos de colores...
Y en la soledad del exilio:
- Escher
- CND2
- CDN Jean Jenet.
No voy a ser yo Kevin Johansen
El que se quede sin dar el paso, no voy a ser yo
Quien se canse de tus abrazos, no voy a ser yo
No voy a ser yo, no voy a ser yo
Tengo tiempo y tengo paciencia, y sobre todo
Te tengo dentro de mi existencia de cualquier modo,
Y aunque falte tal vez bastante, no voy a ser yo
El que se canse antes, no voy a ser yo
Hay gente que no debería enamorarse
Algunos no deberíamos dar el sí
Yo no veo otra salida, no quiero pasar la vida
Sin que la vida pase a través de mí...
Quien se esconda de lo que siente, no voy a ser yo
No voy a pisar el freno, no voy a ser yo
El que se ande con más o menos, no voy a ser yo
Hay gente que no debería involucrarse
Con cosas que luego no pueden manejar
Yo no veo otra salida, no quiero pasar la vida,
Pisando una piedra y volviéndola a pisar...
Si querés un Principe Azulado, no voy a ser yo,
Si querés un ´Bangundangunladu´*, no voy a ser yo
Quien se canse de tus abrazos, no voy a ser yo
No voy a ser yo, no voy a ser yo
Tengo tiempo y tengo paciencia, y sobre todo
Te tengo dentro de mi existencia de cualquier modo,
Y aunque falte tal vez bastante, no voy a ser yo
El que se canse antes, no voy a ser yo
Hay gente que no debería enamorarse
Algunos no deberíamos dar el sí
Yo no veo otra salida, no quiero pasar la vida
Sin que la vida pase a través de mí...
Quien se esconda de lo que siente, no voy a ser yo
No voy a pisar el freno, no voy a ser yo
El que se ande con más o menos, no voy a ser yo
Hay gente que no debería involucrarse
Con cosas que luego no pueden manejar
Yo no veo otra salida, no quiero pasar la vida,
Pisando una piedra y volviéndola a pisar...
Si querés un Principe Azulado, no voy a ser yo,
Si querés un ´Bangundangunladu´*, no voy a ser yo
Cocorosie
Un descubrimiento perfecto.
Que ruede el dolor por el tobogán.
Me bebo mis lágrimas, sin llegar a emborracharme,
y me columpio en el pasado.
Puente de mayo... allá voy!
Que ruede el dolor por el tobogán.
Me bebo mis lágrimas, sin llegar a emborracharme,
y me columpio en el pasado.
Puente de mayo... allá voy!
Brindo
Porque las noches sean eternas y divertidas como ayer.
Porque las risas fluyan.
Por todo eso brindo.
Esta noche cenamos, por fín!
Tenemos muchos que contarnos y otra tanto por lo que reir.
Y ropa nueva, linda relinda.
Gracias.
Porque las risas fluyan.
Por todo eso brindo.
Esta noche cenamos, por fín!
Tenemos muchos que contarnos y otra tanto por lo que reir.
Y ropa nueva, linda relinda.
Gracias.
Me va la vida en ello (Aute y Silvio)
Cierto que huí de los fastos y los oropeles
y que jamás puse en venta ninguna quimera
siempre evité ser un súbdito de los laureles
porque vivir era un vértigo y no una carrera,
pero quiero que me digas amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello,
dímelo, me va la vida en ello.
Quiero que me digas amor, que no todo fue naufragar
por haber creído que amar era el verbo más bello,
dímelo, me va la vida en ello.
Cierto que no prescindí de ningún laberinto
que amenazara con un callejón sin salida
ante otro más de lo mismo, creyendo distinto,
porque vivir era búsqueda y no una guarida
pero quiero que me digas amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello,
dímelo, me va la vida en ello.
Quiero que me digas amor, que no todo fue naufragar
por haber creído que amar era el verbo más bello,
dímelo, me va la vida en ello.
Cierto que cuando aprendí que la vida iba en serio
quise quemarla deprisa jugando con fuego
y me abrasé defendiendo mi propio criterio
porque vivir era más que unas reglas en juego
pero quiero que me digas amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello,
dímelo, me va la vida en ello.
Pero quiero que me digas amor, [quiero que me digas amor]
que no todo fue naufragar [que no todo fue naufragar por haberte]
por haber creído que amar [por haberte creido a ti]
era el verbo más bello, dímelo, me va la vida en ello. [dimelo]
Quiero que me digas amor, [que me digas amor]
que no todo fue naufragar [que no todo fue naufragar por amor]
por haber creído que amar [por haber creido que amar]
era el verbo más bello, dímelo, me va la vida en ello. [dimelo]
Porque a pesar de que en la realidad hay dolores y rasguños.
Mis balanzas son traicioneras y cuando les toca sopesar, no saben.
Siempre se quedan con lo bueno, con las ganas de pelear.
Porque no me enseñaron a rendirme, sino a luchar por lo que creo.
El problema no es que tú no seas bueno para mí, sino que yo no soy adecuada para vos.
Eso duele, ser despreciada.
Tú, con tus errores, valías para cada día y cada noche. Cerca, apretado y audaz.
Yo, con mis errores, me exilían para cada día y cada noche. Lejos, torpe y anodina.
Sin fe para la próxima batalla,
sin armas que pueda utilizar.
Ansiosa por cerrar los ojos y al despertar ver que no fue más que una pesadilla,
que permaneces, inmóvil descansando a mi lado.
Pero los sueños, sueños son.
Sólo al soñar se tiene libertad.
Y la libertad hoy gasta zapatos de tacón, para que los pasos duelan más.
y que jamás puse en venta ninguna quimera
siempre evité ser un súbdito de los laureles
porque vivir era un vértigo y no una carrera,
pero quiero que me digas amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello,
dímelo, me va la vida en ello.
Quiero que me digas amor, que no todo fue naufragar
por haber creído que amar era el verbo más bello,
dímelo, me va la vida en ello.
Cierto que no prescindí de ningún laberinto
que amenazara con un callejón sin salida
ante otro más de lo mismo, creyendo distinto,
porque vivir era búsqueda y no una guarida
pero quiero que me digas amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello,
dímelo, me va la vida en ello.
Quiero que me digas amor, que no todo fue naufragar
por haber creído que amar era el verbo más bello,
dímelo, me va la vida en ello.
Cierto que cuando aprendí que la vida iba en serio
quise quemarla deprisa jugando con fuego
y me abrasé defendiendo mi propio criterio
porque vivir era más que unas reglas en juego
pero quiero que me digas amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello,
dímelo, me va la vida en ello.
Pero quiero que me digas amor, [quiero que me digas amor]
que no todo fue naufragar [que no todo fue naufragar por haberte]
por haber creído que amar [por haberte creido a ti]
era el verbo más bello, dímelo, me va la vida en ello. [dimelo]
Quiero que me digas amor, [que me digas amor]
que no todo fue naufragar [que no todo fue naufragar por amor]
por haber creído que amar [por haber creido que amar]
era el verbo más bello, dímelo, me va la vida en ello. [dimelo]
Porque a pesar de que en la realidad hay dolores y rasguños.
Mis balanzas son traicioneras y cuando les toca sopesar, no saben.
Siempre se quedan con lo bueno, con las ganas de pelear.
Porque no me enseñaron a rendirme, sino a luchar por lo que creo.
El problema no es que tú no seas bueno para mí, sino que yo no soy adecuada para vos.
Eso duele, ser despreciada.
Tú, con tus errores, valías para cada día y cada noche. Cerca, apretado y audaz.
Yo, con mis errores, me exilían para cada día y cada noche. Lejos, torpe y anodina.
Sin fe para la próxima batalla,
sin armas que pueda utilizar.
Ansiosa por cerrar los ojos y al despertar ver que no fue más que una pesadilla,
que permaneces, inmóvil descansando a mi lado.
Pero los sueños, sueños son.
Sólo al soñar se tiene libertad.
Y la libertad hoy gasta zapatos de tacón, para que los pasos duelan más.
Oda a la mordaza. Benedetti
Oda a la mordaza
No creo en vos
mordaza
pero voy a decirte
por qué no creo
ta ves
ahora no digo
no hoy
ni ay
y sin embargo
igual destapo el verbo
respiro el grito
y armo la blasfemia
pienso
luego insisto
hago inventario
de tu alegre pálpito de la miseria
de tu crueldad sin muchas ilusiones
de tu ira lustrada
de tu miedo
porque mordaza
vos
sos muchísimo más que un trapo sucio
sos la mano tembleque que te ayuda
sos el dueño flamante de esa mano
y hasta el dueño canalla de tu dueño
porque mordaza
sos muchisimo más que un trapo sucio
con gusto a boca libre y a puteada
sos la ley malviviente del sistema
sos la flor bienmuriente de la infamia
pienso
luego insisto
a tu custodia quedan mis labios apretados
quedan mis incisivos
colmillos
y molares
queda mi lengua
queda mi discurso
pero no queda en cambio mi garganta
en mi garganta empiezo
por lo pronto
a ser libre
a veces trago la saliva amarga
pero no trago mi rencor sagrado
mordaza bárbara
mordaza ingenua
crees que no voy a hablar
pero sí hablo
solamente con ser
y con estar
pienso
luego insisto
qué me importa callar
si hablamos todos
por todas partes las paredes
y por todos los signos
qué me importa callar
si ya sabés
oscura
qué me importa callar
si ya sabés
mordaza
lo que voy a decirte
porquería.
No creo en vos
mordaza
pero voy a decirte
por qué no creo
ta ves
ahora no digo
no hoy
ni ay
y sin embargo
igual destapo el verbo
respiro el grito
y armo la blasfemia
pienso
luego insisto
hago inventario
de tu alegre pálpito de la miseria
de tu crueldad sin muchas ilusiones
de tu ira lustrada
de tu miedo
porque mordaza
vos
sos muchísimo más que un trapo sucio
sos la mano tembleque que te ayuda
sos el dueño flamante de esa mano
y hasta el dueño canalla de tu dueño
porque mordaza
sos muchisimo más que un trapo sucio
con gusto a boca libre y a puteada
sos la ley malviviente del sistema
sos la flor bienmuriente de la infamia
pienso
luego insisto
a tu custodia quedan mis labios apretados
quedan mis incisivos
colmillos
y molares
queda mi lengua
queda mi discurso
pero no queda en cambio mi garganta
en mi garganta empiezo
por lo pronto
a ser libre
a veces trago la saliva amarga
pero no trago mi rencor sagrado
mordaza bárbara
mordaza ingenua
crees que no voy a hablar
pero sí hablo
solamente con ser
y con estar
pienso
luego insisto
qué me importa callar
si hablamos todos
por todas partes las paredes
y por todos los signos
qué me importa callar
si ya sabés
oscura
qué me importa callar
si ya sabés
mordaza
lo que voy a decirte
porquería.
No te salves. Benedetti
No te salves
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
Justicia
Todo el mundo tiene derecho a dejarlo,
aunque haga sentir al otro un fracasado.
Aunque haga y haya hecho sentir al otro que no sirve.
aunque haga sentir al otro un fracasado.
Aunque haga y haya hecho sentir al otro que no sirve.
Rodar y rodar, rodar y rodar
No salva quien miente,
no salva quien oculta caricias y besos.
No salva quien manda mensajes de fracaso y dolor.
No vamos a endulzar los acontecimientos,
esto no ha pasado para que yo sea más feliz,
ni para que vuele mejor.
No rodaste,
soy yo la que desciendo tras tu patada en el culo.
no salva quien oculta caricias y besos.
No salva quien manda mensajes de fracaso y dolor.
No vamos a endulzar los acontecimientos,
esto no ha pasado para que yo sea más feliz,
ni para que vuele mejor.
No rodaste,
soy yo la que desciendo tras tu patada en el culo.
Dudas irracionales
¿Y con quién aprenderé yo ahora judo?
¿Y con quién jugaré yo ahora al voleypollo?
¿Y con quién intentaré yo ahora dejar de fumar?
¿Y con quién compartiré sofá y mantita?
¿Y con quién leeré por las noches?
¿Y con quién discutiré sobre el mundo y sus injusticias?
¿Y a quién observaré ahora mientras duerme?
¿Y quién me dirá ahora que tengo que comer mejor?
¿Y...?
Tantas cosas... que voy a echar de menos.
¿Y con quién jugaré yo ahora al voleypollo?
¿Y con quién intentaré yo ahora dejar de fumar?
¿Y con quién compartiré sofá y mantita?
¿Y con quién leeré por las noches?
¿Y con quién discutiré sobre el mundo y sus injusticias?
¿Y a quién observaré ahora mientras duerme?
¿Y quién me dirá ahora que tengo que comer mejor?
¿Y...?
Tantas cosas... que voy a echar de menos.
pasado
Salvemos los abrazos que todo lo curan,
que matan al dolor como si fuera un mosquito minúsculo, ridículo y enano;
un poco molesto, a veces,
pero tan insignificante para nuestras almas intrépidas,
que su ruido no interrumpe el sonido de las caricias.
Vamos a hacerlo bien,
escuchando, intentando conocer al otro,
y no imponiendo modos y modas extrañas y ajenas.
Mi piel es mía y con ella te intentaré abrigar
pero no afixiar.
Quiero robarte tus miedos y abandonarlos leeeeeeeeeeeeeeejos, lo más lejos posible para que no nos molesten.
Y regalarte todos mis sentimientos,
llenos de pasión,
embriagados de calor.
Porque me gustas a rabiar,
me embelesas con tus palabras sabias.
Porque sí me mereces,
porque sí puedo llenarte,
porque sí podemos querernos y hacerlo bien,
porque sí puedes hacerme sentir segura,
porque sí puedo hacer que sientas que te quiero.
Porque vamos a aprender a mirarnos con los ojos del amor y no con los del desafío, porque creo que los dos ya estamos cansados de vivir con preguntas y rencores y nos merecemos más amor.
Porque voy a estar aquí para acompañarte en el camino,
no para ser tu lastre.
Porque si quieres, si gustas de ello, te tomaré la mano y te miraré reclamando un beso.
*Al menos algo logré
que matan al dolor como si fuera un mosquito minúsculo, ridículo y enano;
un poco molesto, a veces,
pero tan insignificante para nuestras almas intrépidas,
que su ruido no interrumpe el sonido de las caricias.
Vamos a hacerlo bien,
escuchando, intentando conocer al otro,
y no imponiendo modos y modas extrañas y ajenas.
Mi piel es mía y con ella te intentaré abrigar
pero no afixiar.
Quiero robarte tus miedos y abandonarlos leeeeeeeeeeeeeeejos, lo más lejos posible para que no nos molesten.
Y regalarte todos mis sentimientos,
llenos de pasión,
embriagados de calor.
Porque me gustas a rabiar,
me embelesas con tus palabras sabias.
Porque sí me mereces,
porque sí puedo llenarte,
porque sí podemos querernos y hacerlo bien,
porque sí puedes hacerme sentir segura,
porque sí puedo hacer que sientas que te quiero.
Porque vamos a aprender a mirarnos con los ojos del amor y no con los del desafío, porque creo que los dos ya estamos cansados de vivir con preguntas y rencores y nos merecemos más amor.
Porque voy a estar aquí para acompañarte en el camino,
no para ser tu lastre.
Porque si quieres, si gustas de ello, te tomaré la mano y te miraré reclamando un beso.
*Al menos algo logré
el don
Ayer llevaba una camiseta verde manzana y una camisola azul oscuro.
Nadie me dijo que estaba guapa.
y hay palabtas que no volverán a pasar por mi casa.
Nadie me dijo que estaba guapa.
y hay palabtas que no volverán a pasar por mi casa.
Visiones
Nunca más te volveré a ver con los pantalones cortos,
los calcetines bajados y las espinilleras.
Buenas noches, príncipe.
los calcetines bajados y las espinilleras.
Buenas noches, príncipe.
Despidos
Te vas para siempre,
ahora no habrá reencuentros.
Te vas para dejarme con las alas rotas.
Sin ganas de volar, sólo supe volar contigo.
Te vas lejos, lejos de mi cuerpo y de mis sueños.
Ahora me ahogo en ellos.
No me dio miedo verme muchos años contigo, me dio energía.
Y así seguiré con arrugas hasta que la gravedad me venza.
ahora no habrá reencuentros.
Te vas para dejarme con las alas rotas.
Sin ganas de volar, sólo supe volar contigo.
Te vas lejos, lejos de mi cuerpo y de mis sueños.
Ahora me ahogo en ellos.
No me dio miedo verme muchos años contigo, me dio energía.
Y así seguiré con arrugas hasta que la gravedad me venza.
Madrid en danza
5 CM por Rebeca
Leído y vivido
En las trampas de la memoria hay q caer, como en las del amor.
Vicente Molina. Escritor.
Vicente Molina. Escritor.
_ _ _ ... _ _ _
Sistemáticamente me pregunto qué tal te habrá salido el examen.
Bueno eso y mucho más.
Muda me tengo que quedar.
Bueno eso y mucho más.
Muda me tengo que quedar.
Help, a need somebody
yo hablaba en otro idioma
Salvemos los abrazos que todo lo curan,
que matan al dolor como si fuera un mosquito minúsculo, ridículo y enano;
un poco molesto, a veces,
pero tan insignificante para nuestras almas intrépidas,
que su ruido no interrumpe el sonido de las caricias.
Vamos a hacerlo bien,
escuchando, intentando conocer al otro,
y no imponiendo modos y modas extrañas y ajenas.
Mi piel es mía y con ella te intentaré abrigar
pero no afixiar.
Quiero robarte tus miedos y abandonarlos leeeeeeeeeeeeeeejos,
lo más lejos posible para que no nos molesten.
Y regalarte todos mis sentimientos,
llenos de pasión,
embriagados de calor.
Porque me gustas a rabiar,
me embelesas con tus palabras sabias.
Porque sí me mereces,
porque sí puedo llenarte,
porque sí podemos querernos y hacerlo bien,
porque sí puedes hacerme sentir segura,
porque sí puedo hacer que sientas que te quiero.
Porque vamos a aprender a mirarnos con los ojos del amor y no con los del desafío, porque creo que los dos ya estamos cansados de vivir con preguntas y rencores y nos merecemos más amor.
Porque voy a estar aquí para acompañarte en el camino,
no para ser tu lastre.
Porque si quieres, si gustas de ello, te tomaré la mano y te miraré reclamando un beso.
que matan al dolor como si fuera un mosquito minúsculo, ridículo y enano;
un poco molesto, a veces,
pero tan insignificante para nuestras almas intrépidas,
que su ruido no interrumpe el sonido de las caricias.
Vamos a hacerlo bien,
escuchando, intentando conocer al otro,
y no imponiendo modos y modas extrañas y ajenas.
Mi piel es mía y con ella te intentaré abrigar
pero no afixiar.
Quiero robarte tus miedos y abandonarlos leeeeeeeeeeeeeeejos,
lo más lejos posible para que no nos molesten.
Y regalarte todos mis sentimientos,
llenos de pasión,
embriagados de calor.
Porque me gustas a rabiar,
me embelesas con tus palabras sabias.
Porque sí me mereces,
porque sí puedo llenarte,
porque sí podemos querernos y hacerlo bien,
porque sí puedes hacerme sentir segura,
porque sí puedo hacer que sientas que te quiero.
Porque vamos a aprender a mirarnos con los ojos del amor y no con los del desafío, porque creo que los dos ya estamos cansados de vivir con preguntas y rencores y nos merecemos más amor.
Porque voy a estar aquí para acompañarte en el camino,
no para ser tu lastre.
Porque si quieres, si gustas de ello, te tomaré la mano y te miraré reclamando un beso.
palabras añejas
Tenemos tiempo,
podemos cogerlo y hacer barcos de papel con él.
Montarnos y navegar,
irnos lejos,
a comprendernos, a conocernos.
Tengo mucho tiempo,
para tumbarme y sonreirte cada mañana,
para edulcorar nuestros ojos
que miran de nuevo.
Tengo tiempo,
ese que te quiero regalar,
y construir contigo
mapas de ciudades.
Caminemos despacito. Sin olvidar que somos frágiles. Ambos conocemos las heridas del otro, tratemos de no hacernos más daño. Hagamos por disfrutar de nuestras palabras, de nuestros momentos, esos que somos expertos en realizar. No más miedos porque yo sé lo que quiero. Yo quiero, quiero y quiero. Deseo ver qué hay más allá de tanta equivocación, ansio curarme contigo, salvarme del infierno cuando me des la mano.
Porque te miro y veo algo bueno, con algún perfil poco definido, que si quieres podemos repasar juntos. Porque te miro y encajamos, disfruto de la imagen que reflejamos en el espejo. Porque me puedes mostrar que no eres lo que te has hecho ser, porque podemos ser juntos. Sin heridas, sin golpes, sin miedo. Porque es extraño, pase lo que pase, siento que el tiempo no nos desgasta.
podemos cogerlo y hacer barcos de papel con él.
Montarnos y navegar,
irnos lejos,
a comprendernos, a conocernos.
Tengo mucho tiempo,
para tumbarme y sonreirte cada mañana,
para edulcorar nuestros ojos
que miran de nuevo.
Tengo tiempo,
ese que te quiero regalar,
y construir contigo
mapas de ciudades.
Caminemos despacito. Sin olvidar que somos frágiles. Ambos conocemos las heridas del otro, tratemos de no hacernos más daño. Hagamos por disfrutar de nuestras palabras, de nuestros momentos, esos que somos expertos en realizar. No más miedos porque yo sé lo que quiero. Yo quiero, quiero y quiero. Deseo ver qué hay más allá de tanta equivocación, ansio curarme contigo, salvarme del infierno cuando me des la mano.
Porque te miro y veo algo bueno, con algún perfil poco definido, que si quieres podemos repasar juntos. Porque te miro y encajamos, disfruto de la imagen que reflejamos en el espejo. Porque me puedes mostrar que no eres lo que te has hecho ser, porque podemos ser juntos. Sin heridas, sin golpes, sin miedo. Porque es extraño, pase lo que pase, siento que el tiempo no nos desgasta.
sólo siendo contigo
Me acomodo, es sencillo.
Tienes las medidas exactas para que quepa mi corazón y mi alma.
Eres cálido, eres el descanso del guerrero.
La piedra a la que me agarro cuando el río me arrastra.
Cuando hablas, tienes una pasmosa facilidad para que aunque me estés sacando de quicio, se me escape una sonrisa, esa que llevo treinta segundos intentando controlar.
No sé, es extraño, siempre me siento en casa.
Hablaba el otro día sobre el amor. Me decían que los hombres buscan en la pareja un lugar donde volver, el estar Bien. Sin embargo, las mujeres quieren alguien con quien compartir lo que les gusta, que le aporte siempre. Aunque en principio me costó comprenderlo, me parecía que lo que buscaba el hombre era demasiado simple, luego recapacité y caí en que la idea masculina es más dichosa y menos artificial. El concepto femenino del amor es un poco eso de "es que ya no me aporta como antes, es que ya no me llama como me llamaba antes", la mujer plantea problemas que el hombre ha de solucionar. No todas lo sé, pero es cierto que en las relaciones que me rodean suelo ver esos problemas, las quejas suelen venir de parte de las chicas. De hecho, siempre me ha fascinado la facilidad de mis amigas para quejarse de los hombres con lo que compartían cama.
Yo de alguna forma no busco quien me aporte, busco (realmente creo que hace tiempo que encontré) un regazo cómodo y plácido en el que descansar, en el que soñar. Está bien lo de compartir gustos, salidas, cines, etc. pero realmente lo que me colma de felicidad es esa sensación de ser feliz simplemente estando contigo, aunque sea sin hacer nada, sólo siendo.
Tienes las medidas exactas para que quepa mi corazón y mi alma.
Eres cálido, eres el descanso del guerrero.
La piedra a la que me agarro cuando el río me arrastra.
Cuando hablas, tienes una pasmosa facilidad para que aunque me estés sacando de quicio, se me escape una sonrisa, esa que llevo treinta segundos intentando controlar.
No sé, es extraño, siempre me siento en casa.
Hablaba el otro día sobre el amor. Me decían que los hombres buscan en la pareja un lugar donde volver, el estar Bien. Sin embargo, las mujeres quieren alguien con quien compartir lo que les gusta, que le aporte siempre. Aunque en principio me costó comprenderlo, me parecía que lo que buscaba el hombre era demasiado simple, luego recapacité y caí en que la idea masculina es más dichosa y menos artificial. El concepto femenino del amor es un poco eso de "es que ya no me aporta como antes, es que ya no me llama como me llamaba antes", la mujer plantea problemas que el hombre ha de solucionar. No todas lo sé, pero es cierto que en las relaciones que me rodean suelo ver esos problemas, las quejas suelen venir de parte de las chicas. De hecho, siempre me ha fascinado la facilidad de mis amigas para quejarse de los hombres con lo que compartían cama.
Yo de alguna forma no busco quien me aporte, busco (realmente creo que hace tiempo que encontré) un regazo cómodo y plácido en el que descansar, en el que soñar. Está bien lo de compartir gustos, salidas, cines, etc. pero realmente lo que me colma de felicidad es esa sensación de ser feliz simplemente estando contigo, aunque sea sin hacer nada, sólo siendo.
El clavo que tengo en el frontal
Y ahora no imagino mejor trofeo que rozar con la punta de mi lengua
el perfil dilatado de tus labios.
Y no hay mejor descanso que deslizarme por tu piel tersa y desgastarte suavemente el cuerpo.
el perfil dilatado de tus labios.
Y no hay mejor descanso que deslizarme por tu piel tersa y desgastarte suavemente el cuerpo.
si te la leo yo, suena mejor
Hoy soy una niña insegura,
llena de soledades y tristezas.
Soy la que olvida todos los pasos de baile que se sabe.
No sé como decir lo que siento.
No es fácil de entender.
Ni siquiera yo misma lo entiendo.
Ni estoy segura de que sea lo que tengo que sentir.
Tropiezo cada vez que intento avanzar
y ya no acierto, ni con mis sonrisas ni con las tuyas.
Hoy soy una mujer infeliz,
llena de sinsabores y reproches.
Soy la que se olvida todas las palabras de amor que se sabe.
No sé como decir lo que quiero.
No es fácil de comprender.
Ni siquiera yo misma lo comprendo.
Ni estoy segura de que sea lo que tengo que querer.
Caigo cada vez que intento seguir
y ya no acierto, ni con mis alegrías ni con las tuyas.
Hoy soy una anciana rota,
llena de dolores y achaques.
Soy la que olvida todas las razones de vivir que se sabe.
No sé como decir lo que ansio.
No es fácil de asimilar.
Ni siquiera yo misma lo asimilo.
Ni estoy segura de que sea lo que tengo que ansiar.
Me trastabillo cada vez que intento caminar
y ya no acierto, ni con mi felicidad ni con la tuya.
llena de soledades y tristezas.
Soy la que olvida todos los pasos de baile que se sabe.
No sé como decir lo que siento.
No es fácil de entender.
Ni siquiera yo misma lo entiendo.
Ni estoy segura de que sea lo que tengo que sentir.
Tropiezo cada vez que intento avanzar
y ya no acierto, ni con mis sonrisas ni con las tuyas.
Hoy soy una mujer infeliz,
llena de sinsabores y reproches.
Soy la que se olvida todas las palabras de amor que se sabe.
No sé como decir lo que quiero.
No es fácil de comprender.
Ni siquiera yo misma lo comprendo.
Ni estoy segura de que sea lo que tengo que querer.
Caigo cada vez que intento seguir
y ya no acierto, ni con mis alegrías ni con las tuyas.
Hoy soy una anciana rota,
llena de dolores y achaques.
Soy la que olvida todas las razones de vivir que se sabe.
No sé como decir lo que ansio.
No es fácil de asimilar.
Ni siquiera yo misma lo asimilo.
Ni estoy segura de que sea lo que tengo que ansiar.
Me trastabillo cada vez que intento caminar
y ya no acierto, ni con mi felicidad ni con la tuya.
VERDADES A PUÑADOS
Me colaré todos los días en tu cama,
para abrazarte fuerte casi hasta afixiarte
y agarrate, ahora que soy sólo ausencia.
Voy a susurrarte bajito,
en las noches en que la soledad te de miedo,
en esa oscuridad que te corrompe.
Y pasearé con mi paraguas transparente
por las plazas de tu ciudad,
silbando tranquilamente.
Y me vas a extrañar,
cuando camines sin nadie que responda a esos paso tuyos,
sin nadie que te cure las heridas.
Pero más alante,
ahí donde queda el horizonte,
estoy yo,
ansiosa,
esperándote con los brazos abiertos.
Siempre.
para abrazarte fuerte casi hasta afixiarte
y agarrate, ahora que soy sólo ausencia.
Voy a susurrarte bajito,
en las noches en que la soledad te de miedo,
en esa oscuridad que te corrompe.
Y pasearé con mi paraguas transparente
por las plazas de tu ciudad,
silbando tranquilamente.
Y me vas a extrañar,
cuando camines sin nadie que responda a esos paso tuyos,
sin nadie que te cure las heridas.
Pero más alante,
ahí donde queda el horizonte,
estoy yo,
ansiosa,
esperándote con los brazos abiertos.
Siempre.
Buenos días, nostalgia. Reiterándome
Los primeros días fueron fascinantes. Pasábamos horas en la cama, acunados bajos nuestras palabras, estudiándonos poco a poco con la mirada. Me conozco de memoria tus gestos, tus curvas, tus arrugas y tus sonrisas. En esos momentos, pensaba que el tiempo se me escapaba de las manos. No me importaba, la vida era fácil, feliz.
Era una sensación grata, como cuando en la playa tomas un puñado de areña y le dejas resbalar entre los dedos de la mano; como cuando una lluvia violenta y salvaje te empapa el cuerpo, todo el cuerpo.
Tiempos pasados que retumban en mis oídos y suenan muy lejanos. Y, a veces, me cuestiono qué parte de lo que viví junto a ti, mi compañero, fue ficción y que le queda a la realidad.
Ahora, si bien no compartimos sonrisas en la cama, esas preguntas me atormentan del mismo modo.
Lamento que hayamos pisoteado todos los recuerdos, que nos hayamos robado ese tiempo, sucumbiodo en el atavismo, lleno de costumbres sencillas pero vivaces.
¿Y ahora qué mentiras disfrazamos de verdad? ¿Cuántas de tus palabras tengo que dejar en la puerta de atrás porque no son más que amalgamas de sonidos sin sentido?
No deseo vivir de ese modo, pensando que quizás si me caigo y me agarro a tu brazo se desmonte y me quede con él en la mano porque eso también sea de broma; o que tal vez las flaquezas que te cuento, los dolores que te narro sean cebo para futuras traiciones.
Necesito una máquina del tiempo, para avanzar por las baldosas del futuro y observar qué me espera si me quedo a tu lado.
Recuerdo nuestro primer beso, cuando tu boca buscó la mía, comencé a vibrar de placer como tú. Y no hubo en nuestro beso remordimiento ni vergüenza, sólo una profunda ambición, salpicada de susurros. Notaba que me asaltaba una felicidad plena, una despreocupación perfecta.
Era una sensación grata, como cuando en la playa tomas un puñado de areña y le dejas resbalar entre los dedos de la mano; como cuando una lluvia violenta y salvaje te empapa el cuerpo, todo el cuerpo.
Tiempos pasados que retumban en mis oídos y suenan muy lejanos. Y, a veces, me cuestiono qué parte de lo que viví junto a ti, mi compañero, fue ficción y que le queda a la realidad.
Ahora, si bien no compartimos sonrisas en la cama, esas preguntas me atormentan del mismo modo.
Lamento que hayamos pisoteado todos los recuerdos, que nos hayamos robado ese tiempo, sucumbiodo en el atavismo, lleno de costumbres sencillas pero vivaces.
¿Y ahora qué mentiras disfrazamos de verdad? ¿Cuántas de tus palabras tengo que dejar en la puerta de atrás porque no son más que amalgamas de sonidos sin sentido?
No deseo vivir de ese modo, pensando que quizás si me caigo y me agarro a tu brazo se desmonte y me quede con él en la mano porque eso también sea de broma; o que tal vez las flaquezas que te cuento, los dolores que te narro sean cebo para futuras traiciones.
Necesito una máquina del tiempo, para avanzar por las baldosas del futuro y observar qué me espera si me quedo a tu lado.
Recuerdo nuestro primer beso, cuando tu boca buscó la mía, comencé a vibrar de placer como tú. Y no hubo en nuestro beso remordimiento ni vergüenza, sólo una profunda ambición, salpicada de susurros. Notaba que me asaltaba una felicidad plena, una despreocupación perfecta.
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