Me acomodo, es sencillo.
Tienes las medidas exactas para que quepa mi corazón y mi alma.
Eres cálido, eres el descanso del guerrero.
La piedra a la que me agarro cuando el río me arrastra.
Cuando hablas, tienes una pasmosa facilidad para que aunque me estés sacando de quicio, se me escape una sonrisa, esa que llevo treinta segundos intentando controlar.
No sé, es extraño, siempre me siento en casa.
Hablaba el otro día sobre el amor. Me decían que los hombres buscan en la pareja un lugar donde volver, el estar Bien. Sin embargo, las mujeres quieren alguien con quien compartir lo que les gusta, que le aporte siempre. Aunque en principio me costó comprenderlo, me parecía que lo que buscaba el hombre era demasiado simple, luego recapacité y caí en que la idea masculina es más dichosa y menos artificial. El concepto femenino del amor es un poco eso de "es que ya no me aporta como antes, es que ya no me llama como me llamaba antes", la mujer plantea problemas que el hombre ha de solucionar. No todas lo sé, pero es cierto que en las relaciones que me rodean suelo ver esos problemas, las quejas suelen venir de parte de las chicas. De hecho, siempre me ha fascinado la facilidad de mis amigas para quejarse de los hombres con lo que compartían cama.
Yo de alguna forma no busco quien me aporte, busco (realmente creo que hace tiempo que encontré) un regazo cómodo y plácido en el que descansar, en el que soñar. Está bien lo de compartir gustos, salidas, cines, etc. pero realmente lo que me colma de felicidad es esa sensación de ser feliz simplemente estando contigo, aunque sea sin hacer nada, sólo siendo.
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