La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Silencios mordaces

Nuestro destino desparramado con las horas muertas.
Cuéntame, sobre el cadáver de nuestro amor
a qué sabe la derrota y el tiempo que se rasgó.
No, mejor calla,
que con tu lengua de amoniaco todo produce escozor.

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