La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

El tedio no se aloja en mis tejados

Pespuntes osn tus besos en mi piel. Aún no ha llegado el invierno pero nos da pereza salir a la calle. Preferimos el calor inmortal de los sueños caseros. El invierno favorecerá los vicios y los encuentros de mi boca mojada y tus labios sedientos.
Para la primavera volveremos a ser escaparates envidiados por los seres anodinos que transitan las aceras del Madrid más austero.
Tú y yo, sólo nosotros, venceremos el tedio.

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