La soñaba de tantas formas. La veía todos días al cruzar por delante de su kiosco, la veía y la olía, una mañana tras otra. El miércoles pasado le dijo que le debía un café. Ella sonrió de medio lado y aceptó. Aquella chica también se había fijado en el chico que le vendía los periódicos.
Al día siguiente, jueves, se encontraron por la noche en la puerta de los Alphaville. Tras la película cenaron paseando por Madrid. Se besaron, se tocaron, se desearon y se amaron.
Por la mañana, viernes. ella cogió su ropa, intentando no hacer ruido. Igualmente él se despertó: Buenos días, ¿te ibas?-.
Ella respondió.- Sí, tengo que ir a recoger a mi novio al aeropuerto, viene a pasar la Navidades a su casa, está de Erasmus en Grecia.
Una historia parecida le conté yo a alguien, una historia parecida se pasó por mi cuerpo una noche. Lo lamento.
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