La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Historias de una adolescente que a veces se siente mujer

Sigo en el instituto, aún no me ha echado (no he comentado la pequeña discusión que tuve con la del departamento de orientación el lunes). Continúo dando las clases y hoy los alumnos me pidieron que me quede con ellos hasta junio. Una de ellas hoy me dijo que estaba cambiando su vida, que estaba empezando a sentirse valorada.
Hoy merece la pena los madrugones y la falta de descanso.

Sigo sin saber quien soy pero me voy acercando. Al menos, hoy, no me avergüenzo de mí misma.

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