Escuchar atentamente tu respiración y saber que no voy a volver a provocar que se revuelva. Tener tu contorno borroso a menos de un metro de mis ansias y ser consciente de que las ganas se tienen que agotar obligatoriamente.
Me duele amputarme este deseo, me daña no poder quererte más noches de fiesta, más atardeceres. Echaría todas las tardes contigo, abrazada, en silencio, sin pensar en nada, sólo sonriendo por estar postrada ante el más lindo de los sueños.
Soy afortunada porque me premiaste con conocerte, porque te pusiste a mi alcance, porque mi mano pudo, algunos días, recorrer y cabalgar por tu espalda, porque me dejaste concocer tus pliegues y hacerlos nuestros por un tiempo.
El tiempo de las cerezas ... el tiempo de las ausencias ...
el tiempo.
¡Qué poco tiempo para olvidar mi rostro, mis piernas, mis labios, mis ojos!
No hay comentarios:
Publicar un comentario