La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.
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To relish

I try to explain what I felt the day I met you,
but there isn´t any word to describe it perfectly.
The way is just kiss you and smile.
The way is just slide my heart through your body.
The gap that is between you and me will be disappear.
Your sweetness lingers in my memory.

15 días

Subimos a la montaña porque aunque el día grande pasó, San Lorenzo sigue llorando. Hacía frío. Te sonreíste al decir que era una chica previsora, no sólo por la chaquetita y el paraguas que había llevado sino también por la copiosa cena que había preparado. De hecho, tú aún tenías restos de mahonesa en tu mejilla que yo cuidadosamenté retiré de tu mejilla con mi lengua.
Reíste y me besaste. Tus besos son dulces, saben a dulce de leche durante el día y a chocolate por la noche. Tomaste distancia frente a mi cara y dijiste:
- ¿Sabes lo guapa que estás con el pelo recogido?. Ninguno de estos días estando conmigo lo has llevado así.
Me sonrojé, siempre que me halagas me pongo muy roja. Me gustan esos piropos viscerales y sencillos que me regalas, caen en mis oídos como agua bendita. No hubo respuesta por mi parte, sólo amolde mi cuerpo a tu regazo y me dejé acariciar.
Tus manos son completamente distintas a las de los chicos con los que he estado anteriormente. Posees unas manos con mucha historia, llenas de rebelión y coraje. ¿No lo sabes? Pues te lo digo, cada vez que las dejas deslizarse por mi cuerpo, me susurran un nuevo detalle sobre ti y los grandes sueños que construyes.
Vinieron a alumbrarnos las Perseidas y me hiciste pedir un deseo. Sabía mi deseo pero también sabía la dificultad que conlleva su realización. Y un instante después, vislumbré en tus ojos pequeñas lágrimas. Me miraste para comenzar un doloroso pero real monólogo:
- ¿Eres consciente de la distancia que nos separa y de lo poco que nos conocemos como para esperar cambios en nuestras vidas por una historia de amor, quizás fugaz? Yo lo soy y me da rabia. Ojalá tuviera unos días más, para convencerte con mis palabras y que te dejaras arrastrar hasta mi mundo. Yo confío en lo que he sentido contigo en estos días y me bastaría un empujón por tu parte para subirme al avión en el que partes mañana para irme contigo. Siempre creí en este tipo de historias de amor, pero no me habían sucedido. Te vi en el bar y lo supe, es ella. Cuando me di cuenta de que sólo tú habías visto lo que me había pasado en la barra y que tú sonreías como yo, me dije es ella, es ella. Pero no me atreví, me limité a observarte un rato más. Sonó La Bamba y me aprendí los movimientos que destilaban tus caderas. Eras feliz, sonreías a tus amigas y te dejabas llevar. Bailaste sin parar, con pasión y fuerza. Me quedaba embobado viéndote. Tuve que decidirme a ir hacía ti, en especial cuando mi amigo, ¿te acuerdas?, el chico rubio me dijo que querían cambiar de local. Y en ese momento fui hacía el extremo del bar donde te encontrabas. Tú ya sabías que estaba acercándome aunque en ese momento me dabas la espalda. Te dije hola y respondiste con un atrevido por fin. ¡Paladeé esa respuesta como si fuera un sí a todo lo demás que te iba a contar. Y empecé el cortejo. "Mis amigos se van a la discoteca de enfrente pero a mí no me apetece en especial porque no creo que haya ninguna chica que sonría y baile como tú. Podría acoplarme con tu grupo de amigas pero te propongo algo mejor". - Sigue, sigue, que me está gustando- me dijiste." Te propongo irnos hacia el aparcamiento donde tengo el coche, serán 30 minutos andando. Ahí te pongo música, bailas si quieres. Si en el tiempo que dura el trayecto hasta mi coche te deja de seducir la idea, te vuelves con tu gente y sin problema. " Los 30 minutos que pensé que pasaría contigo se convirtieron en muchas horas. Te viniste a mi casa, me hiciste el amor en un silencio que sólo se dejó violar por las voces del goce, me dejaste que hiciera de guía turístico excepcional y nos besamos mil veces. Las visitas que hice en tu compañía me hicieron ver con nuevos ojos esta ciudad en la que vivo desde hace 6 años. Rebeca, sé que han sido cinco días excepcionales, no sólo porque han sido fantásticos sino porque han estado fuera de lo cotidiano que nos rodea. Pero a mí no me importaría una mudanza de nuevo a otra ciudad si con eso me puedo levantar todos los días con una rubia como tú bailando todos los días en mi cama. Haces eso y te llevo el desayuno a cambio ¿De acuerdo?.
No sabía a la perfección con que tenía que estar de acuerdo y me notaste en la cara.
- Si quieres me voy a Madrid contigo, sólo si quieres.- Dijiste acudiendo en mi ayuda.
- No quiero, ahora no. Y espera que me explique mejor antes de asustarte y salir corriendo. Es cierto que el deseo que he pedido tiene mucho que ver con esa imagen que tú has descrito de dos soñadores bailando en la cama todas las mañanas. Pero el chico del que me he enamorado vive aquí, tiene aquí sus sueños y sus inquietudes. De momento ya me he sentido muy importante a tu lado estas jornadas, así que no son precisas más pruebas grandiosas. Confío en que mi deseo se haga realidad a su debido tiempo. Confío en ti y en tu pasión. Sé que va a resultar complicado e incluso caro, aquí o vienes en avión o nada. Pero los dos somos personas cabezotas y casi invencibles, así que si nos los proponemos lo lograremos. De momento podemos hablar a cerca del próximo fin de semana que durmamos anudados.
No voy a seguir relatando paso por paso esa noche, basta con saber que volvimos a dormir, lo que quisimos, bien pegados. Me llevaste a recoger mis cosas al alojamiento del que me había exiliado al conocerte y fuimos al aeropuerto. En la despedida no hubo tiempo para la tristeza, sólo para los planes que compartiríamos en Madrid en tan sólo dos semanas.
Ahora sólo pienso en esos quince preciosos días que me separan de tus brazos seguros y tiernos.

Sorpresas

Queramos o no,
el físico importa.
Así que anoche me puse preciosa para mi cena.
Y evidentemente lo notaron.
Nada de maquillaje.
Un sencillo vestido negro,
una sandalias sin tacón sobrias.
Y una sonrisa radiante.

No creo que pueda olvidar los ojos de mi acompañante, acostumbrado a verme con vaqueros anchotes.

Un instante de felicidad

A veces en el metro uno puede reencontrarse con viejos amores.
A mí, me pasó eso ayer. Haciendo el cambio en avenida de América.
Mucho tiempo sin verle así como cinco años, desde la última vez que me acerqué a la facultad de medicina a verlos.
Le costó reconocerme, digamos que mi pelo ha crecido mucho desde entonces.
No se creía la melena que estaba viendo.
Yo casi no tenía tiempo de pararme a hablar (encima me puse nerviosísima).
Todo le iba bien, me alegré por él.
Cuando ya nos despedimos, comprometiéndonos a quedar un día para cenar, echamos a andar cada uno en una dirección.
De repente oí mi nombre, Rebeca.
Giré la cabeza para escuchar: estás muy guapa, te está tratando bien el tiempo.
Gracias respondí yo y llegué al trabajo con una sonrisa enorme.