La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

Desaparecer

Dime qué hago aquí esperando que muevas un sólo músculo de tu alma que denote algo de cariño, de apoyo y de compromiso.
Soy inerte para tus sentidos: inolora, insípida e invisible. No te llegan mis gritos de auxilio o, quizás, no deseas responder a ellos.
¿Qué hago aquí? Marchitarme y diluirme.

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