La punta de mi lengua

Te va a hervir la sangre
cuando alcances el embozo de mi cama.
Mientras, maldigamos la distancia truculenta
y el acíbar atrapado en tu garganta.
Anhelo el pandeo de mi cuerpo entre tus manos
y que tu boca desenrede las costuras del lamento.
Desabróchame los besos que no nos pertecen.
Lámeme las heridas que desgarran mi sosiego.
Yo lucharé por localizar tus sueños y tu apetito.
Hazañas para que salga el sol cada mañana.

Esta vida que es mi vida

Me sentí vieja con más arrugas y un millón de responsabilidades que tiraban de la comisura de mis labios hasta prohibirme sonreír.
Me noté lenta de reflejos y forzando la vista para ver esos carteles que indicaban el camino que me llevaba a tus brazos.
Llegué a tu cuerpo y recuperé la juventud perdida, las ganas, las ilusión.
Gracias compañero, encontrate ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida y ahora a cuidarte todos los días para que me sigas dando la mano al caminar por la vida.