La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

Sobre pieles corrompidas

Quizás te desquicen ahora mis preguntas,
aquellas que se quedaron clavadas en mi boca,
hiriéndome,
aquellas que se infectaron,
destruyéndome.
No te cuestiono, si acaso me juzgo,
por no haber sabido escupir,
en el preciso momento,
todo aquel veneno,
que abandonaste, casi con un gesto de desprecio,
en mi cuerpo.

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