La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

De vidas bebidas y vividas.

Fui contigo tu vida,
esa vida llena de caramelos de sabores:
tu familia,
tus amigos,
tu trabajo,
tu tacto,
tus gustos,
tus dolores.
Me esforcé en conocer cada uno de los gestos.
La sorpresa ante una respuesta nueva,
la emoción cada vez que te retabas,
la tristeza cuando te desesperabas,
la aspereza si el mundo se atrancaba
entre tus manos,
las mismas que mecían mi mundo,
que me anudaban a lo cotidiano.
Jaleándote para que tu futuro se tornase más dulce,
me encontré con mi presente torcido y dislocado.
Me alejé tanto que la distancia se volvió salvavidas.
Dejé de olerte y de sentir tus caricias en mi cuerpo
y abandoné la ganas de despertar cada mañana
sedienta de ti,
para quererme a mí,
para recomponerme y volver a conjugarme con mi vida.

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