La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

La frontera entre siempre y jamás

El corría nunca le enseñaron a andar.
Ella huía de espejismo y horas de mar.
Aeropuertos unos vienen, se van.
El valor para marcharse,
miedo a llegar.
Dejarse llevar suena demasiado bien.

- Un fragmento de Copenhague, Vetusta Morla-.

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