La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

Hoy

Hoy he tendido mis miedos al sol,
no espero que se sequen,
sino que venga una ráfaga de aire y se los lleve
lejos,
donde ya no los sienta,
donde ya no los huela.

Hoy pretendo que el tiempo sea aliado
y no enemigo.
Hoy quiero que la memoria no me traicione
y me tome de la mano
y me diga: tranquila, todo pasará.

Hoy me desnudo ante ti,
débil y anodina,
amorfa y descompuesta,
inconclusa y putrefacta.
Para vestirme con olas de abrazos,
compactas balas de besos
y guerras de almohadas.

Porque no quiero comenzar a morir.

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