La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Una viaje relámpago, relámpago que casi me hiere

Fui, llegué y me vencieron.
(Es decir subí a Bilbao a las 7 de la mañana y volví a bajar a las 10 de la noche hacia Madrid, sin llegar a alcanzar el cielo soñado, porque nadie apareció donde habíamos quedado. Estuve por allá 8 horas, caminando por esas calles que cada día me son más extrañas).

Más cansada, más derrotada pero con los ojos más abiertos para poder ver lo que antes no quise ver. Han sido días duros, tristemente duros pero ahora ya sabemos muchas cosas que antes ignorábamos. Además, conducir siempre fue una buena terapia para mí.

No hay comentarios: