Ahora, ella viaja en un tren con la mirada perdida en el horizonte.
Nadie se habìa acercado a la estaciòn aquel dìa. Verdaderamente, nadie sabìa que aquel viaje no tendrìa retorno. Sòlo se habìa despedido de sus padres por justicia, sòlo ellos conocìan el lugar al que escapaba. Sus padres eran personas generosas y no habìan presionado a su hija para que cambiase de opiniòn. Nunca habìa necesitado darles excesivas explicaciones porque casi siempre leìan sus pensamientos antes de que los verbalizara y ahora todos, en esa casa, sentìan que aquella niña se habìa convertido en una mujer que ansiaba comenzar en otro sitio, con otros ojos.
La maleta casi vacìa, no cargaba con recuerdos. Asì evitaba llevar equipaje excesivamente pesado que le impidiera caminar enèrgicamente.
Ahora, ella estaba sola, sentada en el tren con un libro entre las manos.
No era capaz de recordar cuando tomò la decisiòn en firme, demasiadas malas noticias se habìan abalanzado sobre ella en los ùltimos tiempos. Durante unos meses se habìa propuesto lidiar con los conflictos cara a cara, pero un dìa fue consciente de que la soluciòn ya no estaba en sus manos y, justo en ese momento, se planteò la posobilidad de volar lejos. Siempre se habìa considerado una persona vital y parecìa que en su ciudad natal se le estaba acabando el aire y sin aire, uno no puede respirar.
Ahora, ella estaba absorta escuchando el traqueteo del tren.
Habìa lamentando no poder conversar con èl antes de irse. Sin embargo, habìa sopesado la posibilidad y creyò que aquello era lo mejor. Èl no iba a comprender sus motivaciones hacia la huida, se iba a limitar a maltratar su autoestima y hacerle culpable por aquel abandono. Èl no iba a darle consuelo y ofrecerle comprensiòn, èl sòlo iba a hablar de èl y su soledad.
Ahora, ella estaba dormida, soñando con una vida en que las circunstancias no le empujaran a desaparecer.
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