Salí del portal de mi casa y ahí estabas, con tu cara de mimo nostálgico y tu mirada de niño abandonado.
Eran tres metros de distancia los que separaban tu cuerpo elegante y añorado de mis manos hambrientas y dubitativas.
Hice que no te veía porque no te quería ver.
Comenzaste a gritar mi nombre, decías que necesitas hablar conmigo.
Hice que no te oía porque no te quería oir.
Vino el autobús y escapé de las camas revueltas y empapadas de dolor.
Hice que no te amaba porque no te quería amar.
Tres metros de distancia que fueron cuatro, luego se convirtieron en 5,
6,7,8,9,... infinitos y a la vez la Nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario