La habitación 46 de un sórdido hotel de la periferia de Madrid.
Un reencuentro,
una venganza.
Habría muchas formas de definirlo.
Somos dos cuerpos, ahora anónimos,
enfrentados y separados por los 135 centímetros que mide la cama,
en la que pronto abandonaremos todos nuestros fracasos
para convertirnos en artistas.
La penumbra de la habitación sólo es enturbiada por el reflejo del neón de la gasolinera colindante. Al menos no parpadea, se mantiene constante.
- La luz te ilumina más a ti. Estás preciosa, pletórica. Quizás estoy muy sorprendido, suponía que el tiempo te habría tratado peor.
- Ya ves, parece que el tiempo me ha tratado mucho mejor de lo que lo hiciste tú, el tiempo y mi pareja.
- Tampoco te estará haciendo muy feliz, sino no estarías aquí.
- Podría decir lo mismo de la portadora de la otra alianza. No, no escondas la mano ni te avergüences la vi nada más encontrarnos. Era algo de lo que estaba segura.
Comenzaste a desabrocharte los pantalones, yo imité tus gestos. No hizo falta mucho tiempo, era un rito que conocíamos de memoria. Desnudos, frente a frente, no dijimos ni una palabra. Tampoco ninguno se aproximó al otro.
Yo me senté en el borde de la cama de espaldas a tu mirada. No era pudor, era aburrimiento. Me agaché hacia mi bolso y te escuché pasear por la colcha de la cama.
- Espera, no te gusta besar a la gente que está fumando.- dije, mientras me llevaba un cigarrillo a la boca.
Me fijé en tu cara exhortativa pero me limité a ignorar cualquiera de tus mandatos. Si querías algo tendrías que decírmelo. No te atreviste así que esperaste pacientemente apoyado en mi hombro a que finalizase aquel acto que tanto te repugnaba.
- ¿Sabes qué?
- Ni idea aunque tampoco creo que sea necesario saberlo en este preciso momento. Llevamos un poco de retraso tras ese cigarillo que has disfrutado.
- Creo que más que necesario es contingente. Me voy, se me han quitado las ganas.
- ¿Me darás alguna explicación?
- Sólo que yo sí soy feliz con mi pareja y no te preocupes que de la cuenta me encargo yo.
Me vestí. Tú permanecías tirado encima de la cama. Estuviste un rato inistiendo en que no te podía dejar así. Sí que podía. Luego tocó escuchar como decías que me esperase, que tú me llevabas a casa. Me zafé, no era necesario.
Bajé por las escaleras, pagué la cuenta y me subí al coche de mi pareja que me esperaba en la puerta. Él lo sabía todo. Éramos amantes y compañeros.
Creo que a tu mujer le llegaron las fotos que hizo mi pareja de tan nostágico encuentro. Creo que lo solucionastéis, quiero decir creo que tú lo solucionaste y no te quedaste solo. Ella perdonó y aguantó ( que es más de lo que hice yo).
Creo que a ella me la encontré en Granada el fin de semana pasado y no iba de tu mano.
Yo sí iba de la mano de mi pareja,
yo sí soy feliz.
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