La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Sin inspiración

Hace calor, huele a endorfinas.
Se abre la ventana.
La luz solitaria de la farola riega tu cuerpo, tus cicatrices y tus cimas.
Esa luz te sienta bien.
Duermes tranquilo,
das alguna vuelta, tu subconsciente quiere escapar.

Aprendí a observarte,
descubrí en el silencio de la noche, mientras tus ojos descansaban, cualés son tus gestos, cómo es tu respiración.

Tu contorno es la poesía que mejor recito, del derecho, del revés.

Sos el mejor verso, el más deseado.

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