La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Los ojos

Observo esas estatuas humanas cubiertas de barro que adornan la calle Preciados.
Los miro con los ojos enormes, me plantean cientos de interrogantes.
Mi amigo, ni los ha visto.
No todos saben mirar.

Madrid guarda secretos que sólo se descubren ante ciertos ojos.

No hay comentarios: