La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.
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Defendiendo la alegría

Me cuesta leer, quizás debería decir que se me hace complicado encontrar libros que me atrapen. Por lo general si el libro no me convierte en insomne, lo dejo a la mitad sin ningún pudor. No comtemplo la lectura como imperativo.
Benedetti me reconcilió infinitas veces con la lectura, con la lectura, con el amor y con la vida en general.
Primero fue la poesía, allá con mis 13 años, en plena adolescencia. Leía sus versos y luego intentaba escribir. Pero nada me valía porque en mis estrofas no aparecía ni un ápice de su genialidad. Todo iba a la basura. Recuerdo un aniversario de mis padres (creo que el 18º) en donde les regalé "Inventario Uno", para que se lo leyeran el uno al otro antes de dormir.
Luego vino la prosa, libros con los que he vibrado siempre: Primevera con una esquina rota, La borra del café, Geografías, Gracias por el fuego, La soledad de Babel, El cumpleaños de Juan Ángel, Andamios y por supuesto La tregua.
¡Cuánto me enseñó este hombre! ¡Lo que me he ahorrado en psicólogos leyéndole a él!
Se fue, pero no podemos ponernos tristes, él no lo querría.

Mario Benedetti. No caerán sus palabras en nuestro olvido.

NO TE SALVES

No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.

No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer lo párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.

Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Mario Benedetti.