La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.
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Llover y soñar

Si llueve en Barranquita, la noche no es silenciosa. Al contrario, oyes el repiqueteo de la lluvia hasta que caes rendida. Inicialmente, piensas que, a lo peor, el ruido de las gotas contra la chapa no te van a permitir conciliar el sueño pero ese mismo ruido se convierte en una preciosa nana que te susurra la voz de morfeo al oído.

Barranquita, Perú. 7 de Agosto del 2008.