La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

Valiente



Un día, motivado por razones inanes y sentimientos absurdos, te desprendes de tus sueños. Te dejas vencer por manuales de instrucciones ajenos.
Te acomodas en nuevas rutinas y te obligas a no pararte, así no hay preguntas molestas ni un rostro en el espejo que frunza el ceño.
Realizas tus funciones vitales, entrenas expresiones faciales de felicidad y, sobre todo, tu cuenta bancaria goza de una salud envidiable.
Pasan los años, tu vida tiene las medidas ideales para la pasarela del mundo actual, incluso te piden consejos y tú, complacido, los das.
Una madrugada, te desvelas. Un sueño extraño te obliga a abrir los ojos y te rompes por dentro. 
A la mañana siguiente, lo abandonas todo, te debes la vida.

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