La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

I

Yo debería irme,
dejar mis cenizas esparcidas sobre la almohada y
partir,
partir con los dientes apretados y el dolor en el pecho.
Luego respirar y ver como el camino desaparece para no volver
y equivocarme con nuevas maneras
que me traigan nuevas penitencias.
Porque pecar, más que humano, es divino. 

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