La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

Deshaciendo borradores

Me estás obligando a recordar a qué sabían tus besos y la niebla se cierne sobre mis recuerdos. La cabeza se niega a emborracharme con una nostalgia que no servirá para nada ni nos salvará de nosotros mismos. Tú ya no eres aquel que descubrí y yo ya no soy la que se mostró desnuda ante ti, tengo menos piel pero más cicatrices.
Elegí otro camino, mi camino, menos sueños que difuminen mi viaje y más realidades convertidas en adoquines sobre los que andar, firme, con la cabeza erguida y sin agarrarme de una mano que tire de mí hacía sensaciones que no quiero reconquistar. Llámame aburrida, tu diversión no me seduce. Elegí vivir y no revolcarme en el lodo que me ofrecías.

Compréndelo, ahoga tu deseo para que no me estalle el pasado en la boca, me atragante y muera en el intento de respirar a pleno colchón.

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