La punta de mi lengua

Te va a hervir la sangre
cuando alcances el embozo de mi cama.
Mientras, maldigamos la distancia truculenta
y el acíbar atrapado en tu garganta.
Anhelo el pandeo de mi cuerpo entre tus manos
y que tu boca desenrede las costuras del lamento.
Desabróchame los besos que no nos pertecen.
Lámeme las heridas que desgarran mi sosiego.
Yo lucharé por localizar tus sueños y tu apetito.
Hazañas para que salga el sol cada mañana.

Con nocturnidad

Noches que son viajes a placeres inimagiables,
con tu cuerpo y mi cuerpo creando mágicos momentos,
subrayados por la tenue luz que se cuela por la persiana.
Tus manos dominando mi piel,
sobre esos poros que llevan tu nombre,
escrito mediante recuerdos y besos.
Vibrar, soñar, encajar
y no morir en el intento,
de ser conrtigo sonriendo.