La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

Despedidas

Y me sobrecogió la tristeza cuando supe que él se había marchado.
Ernesto Sabato, uno de mis maestros dijo adiós para siempre, pero se convertirá en un hasta luego cada vez que lea alguno de sus escritos.

No hay comentarios: