La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

Realmente

Estoy intentando hacer mi propia revolución,
la que vuelva a pintar una sonrisa en mi cara,
la que me lance a bailar, porque siento que he perdido el compás.
Por eso, quizás, volví a pintarme el cabello de rojo.
Puede ser que haya sido para que vuelvas a fijarte en mí,
ahora que casi soy invisible para tus ojos,
ahora que ya no ansias besarme.
No sé, qué importa, llorar nunca fue la solución.
¿Sabes?
Me importa un bledo.

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