La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

Morir

Indagué en tu piel para descubrir
las claves con las que adentrarme en tu cuerpo.
Choqué irremediablemente contra tu silencio
y ese misterio atormentado que ocultaba tus sueños.

Esta vez no puedes salvarme,
porque ya me rendí,
ya me deje morir, junto a tu almohada, entre tus sábanas.

Suicida desde el principio,
nunca ignoré la realidad que se clavaba
ni intenté placar el dolor que provocaba.
Preferí sufrir el calvario para morir.

No me beses, mis labios están fríos,
no sienten, no se mueven,
no puedes salvarme.

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