La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

No me acostumbré al dolor y por eso viví

Tuve que caer para levantarme con más fuerzas y más sueños. Tuve que caer y romperme las piernas para aprender a caminar de nuevo. Lloré, grité, me escocía la vida por dentro, tanto que se formaban llagas y sangraban.
En el momento pensé que el dolor me iba a exprimir, que me quedaría vacía, que nunca más disfrutaría del viento acariciándome la cara.
Los días transcurrían lentamente y mataba el tiempo para suicidar los recuerdos.
Sin embargo, me empeñé en reinventarme más linda, más hermosa, más dichosa. Trabajé para volver a creer en mí, me esforcé para subrayar mis virtudes y aprender de los errores del pasado. Estuve conociendo mis fallos para comprenderlos e intentar superarlos. Estuve enfrentándome a mis miedos para que nunca más frenaran mis pasos. Bailé, caminé, reí, me cuidé, me salvé a mí misma, sin más pretensiones, sin retos fútiles. Primero tenía que completarme a mí, quizás luego volviera a sentir mariposas en mi estómago. Me ocupé de mí, como nunca antes lo había hecho.
Y me reinventé cargada de inquietudes, de sueños, con las piernas más fuertes que nunca, con el corazón renovado para amar generosamente, porque me sentía conforme con quien era y sabía en qué tenía que poner mis energías.

2 comentarios:

elniñotriste dijo...

Sé bien a lo que te refieres Conozco esas sensaciones, las he vivido Hace ya mucho tiempo, pero esas cosas no se olvidan nunca Con nueve añitos me tocó aprenderlo a mi...

Y, sin embargo, cuando más apretaba el dolor, fue cuando nació el niño triste y los sueños comenzaron a tomar forma en mi manera de ser y de ver el mundo Igual que tu lo cuentas Pensando en mi para poder pensar, después, en cualquier otra cosa Esas palabras confirman, compañera, que el niño triste acertó con tu imagen al encontrarte Que sigue pensando que eres una linda y perfecta compañera de viaje Y un encanto, eso lo digo yo El niño triste asiente Me encanta

Muxus con mucho cariño, felicidades por ser como eres (camino de ser como quieres ser) & muchos Rekuerdos desde el Norte que te espera como siempre!

la punta de mi lengua dijo...

Gracias por leer esta entrada tan reflexiva y, quizás, aburrida. El tiempo acaba siendo cura para las heridas. Lo cierto es que no es suficiente con el tiempo, hay que desear aprender hasta de los golpes más duros. Así quise yo y así sigo queriendo. Ahora miro al paso e incluso sonrío. Hace años esto me parecía un imposible.
Ahora sé que en parte soy quien soy, gracias a eso (aunque no me importaría habérmelo ahorrado). Ahora sé que todavía tengo mucho que aprender y tiempo para crecer.
Gracias, de corazón por esas lindas palabras y por la ternura que destilan.
Creo que Bilbao se está poniendo aún más linda para verme este sábado.
Un abrazo.