La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Y Madrid ahora parece ir más lento

La playa y la brisa acariciando mi cara,
el agua del mar sanándome por dentro y por fuera.
Sensaciones y risas,
juegos con el futuro,
la ilusión que tira de tu mano.
Miradas prometedoras,
sueños caminantes.
Un mensaje de quien no esperas,
un beso en la distancia que sabe a rico anochecer.

1 comentario:

Susana Peiró dijo...

Qué necesaria desaceleración!

Nuestro mundo y sus prisas nada tienen que ver con el mundo de nuestros padres y abuelos.

Su vida tenía un gusto, el tiempo para masticar y tragar aquello que les tocaba en suerte...y finalmente una buena digestión a la vejez.

A nosotros nos tocó tragar y tragar, sin saber muchas veces, qué gusto tenía aquel "plato" que tan bien lucía.

Enhorabuena por esa "lentitud" que permite saborear la vida.

Un abrazo!