Puede ser que un día, después de un concierto de música kurda, un simpático chico te pregunte en inglés por una calle.
Puede que tú amáblemente le indiques esa dirección que él buscaba.
Puede ser que él se despida cordialmente y tú sigas caminando con tu amiga hasta su parada de autobús.
Puede ser que luego, cuando ya estás caminando sola, vuelvas a encontrarte con ese chico londinense y decida conversar contigo un poco más.
Puede ser que andéis un buen rato hasta su hotel y allí decida invitarte a un café.
Puede ser que compartáis una conversación amena.
Puede ser que descubras que no le gusta si trabajo.
Pueder ser que reconozca velozmente que a ti te encanta el tuyo.
Puede ser que te de su número de móvil para volver a quedar, porque va a estar tres semanas más en Madrid.
Puede ser que te atrevas a llamarle y dentro de unos días volváis a veros. Esto nunca se sabe.
Puede ser que estas anécdotas sin sentido, que con tanta frecuencia me ocurren, le den sentido a mi vida.
Puede que tú amáblemente le indiques esa dirección que él buscaba.
Puede ser que él se despida cordialmente y tú sigas caminando con tu amiga hasta su parada de autobús.
Puede ser que luego, cuando ya estás caminando sola, vuelvas a encontrarte con ese chico londinense y decida conversar contigo un poco más.
Puede ser que andéis un buen rato hasta su hotel y allí decida invitarte a un café.
Puede ser que compartáis una conversación amena.
Puede ser que descubras que no le gusta si trabajo.
Pueder ser que reconozca velozmente que a ti te encanta el tuyo.
Puede ser que te de su número de móvil para volver a quedar, porque va a estar tres semanas más en Madrid.
Puede ser que te atrevas a llamarle y dentro de unos días volváis a veros. Esto nunca se sabe.
Puede ser que estas anécdotas sin sentido, que con tanta frecuencia me ocurren, le den sentido a mi vida.
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