La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Esta vez los sueños no son de arena

Me entregué a tu piel, a la forma en que transformabas sigilósamente el mundo.
Así aprendí que tras miradas amorfas y estridentes se esconden preciosas y estudiadas caricias.
El mundo, desde tu ventana, alrededor de tus brazos tiene otro color
porque todo lo que tocas, se sazona y sabe mejor.
Yo, una adolescente impulsada a madurar aferrada a tus caderas, pero perdí la brida que me anclaba a ti y caí.
Tú seguiste cabalgando y yo sólo pude verte en la distancia y en el silencio de las noches.
Mi imaginación continúa recreándote,
porque yo sigo enamorada de aquel chiquillo de ojos negros y cálidos,
porque sigo soñando con que yo también hice algo bueno por ti,
porque sigo soñando con verte cantar "Doctor Deseo" de mi mano.

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