La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

te juro que no, nada tendré que reprocharme

Cuando él se fue,
lo eché,
se exilió,
me da igual como quieran llamarlo, tuve miedo.
Miedo a la soledad de las salas de teatro,
yo sentada junto a mi sombra.
Nadie que me ría las gracias, nadie que me pregunte qué me ha parecido.
Miedo y vértigo.
Realmente, estoy asombrada.
Lo he hecho bien, a excepción de un día en que la pena me inundó.
Extrañamente he sido capaz de volar más de lo que imaginaba.
De él no sé nada.
La nada es mejor que saber lo que destestaba.

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