No quiero más que un trocito de ese regaliz que sujetas entre tus dientes - dijiste, mientras tus labios se rozaban con los míos. Del contacto nació el deseo; del deseo, la pasión. Así murió la inocencia de mil noches previas jugando a no encontrarnos y a no esperarnos.
Hoy te hubiera contado el más lindo de los cuentos, de esos que tenía entre mis manos. Hoy me hubiera quedado la noche entera entre tus brazos, sólo por verte marchar mañana a luchar contra el "lobo feroz que te quiere comer". Hoy me gustaste más que nunca porque no te salvas nunca, amigo mío.
1 comentario:
Me encantó lo que leí, de verdad que me sentí identificado, creo que estoy en el juego y a pesar de querer salir... de verdad no quiero.
Publicar un comentario