La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Gracia, siempre gracias.

Despedirse sin lágrimas en los ojos, sólo con una sonrisa inmensa que se acomoda en mi boca. Con una sonrisa enorme que embellece mis labios, esos que se disponen a regalarte un beso justo antes de verte partir.
Gracias por esta noche, aunque tú no lo sepas.
¡Qué sencillo es "no salvarse con vos"!

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