Antes era mimo, se ganaba la vida en la Gran Vía exhibiendo a los demás sentimientos que él nunca había experimentado. Sin embargo, tenía un don y era capaz de representar a la perfección todas esas sensaciones a las que jamás se había enfrentado: pena, sorpresa, valor, alegría, etc.
La sociedad se transformaba y perdía el interés por este tipo de arte. Nuestro mimo se alejaba de su propia figura dramática y se desmotivaba día a día en aquella esquina.
Le tocó cambiar de profesión, yo no volví a saber de él. Ago me comentaron que hace servicios de gigolo.
Mi mimo admirado, se convirtió en un personaje olvidado.
Sigue fingiendo pero creo que ahora gana más dinero.
A veces la vida la ponemos cuesta arriba.
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