La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Querido Diario

Lunes 22 de octubre del 2007.
Querido Diario,
Hoy he quedado con él. Nos hemos reunido para tomar unas cañas y hablar de los diferentes acontecimientos que están revolucionando nuestras vidas. Ha sido un encuentro curioso, como casi siempre aunque siento como conforme pasa el tiempo, también comienza a pesar. Estaba extraño, muy cansado, ojeroso y desanimado.
Ha surgido una conversación difícil que voy a intentar reflejar fielmente.
Se me plantean ciertas dudas. - me ha dicho, después de oir mis nuevas aventuras.
¿Cuáles?, le he dicho. Esta conversación tenía muy buena pinta.- Sabía que nos íbamos a enredar en un debate poco productivo a nivel intelectual pero interesante a nivel sentimental.
Se dispuso a escribir en una servilleta del bar donde compartíamos una cerveza las cuatro preguntas que le estallaban en la boca. Luego, provocando el roce con mi mano, me las mostró.
¿Qué harás cuando se te atraganten los sueños?
¿Qué camino tomarás cuando sólo te responda tu eco?
¿Hacia dónde ir cuando te reviente el estómago?
¿Qué decidirás cuando los besos se te indigesten?
¿Dejarás de quererme ahora?
Doblé la servilleta, la guardé con cuidado en mi minúsculo monedero. Sonriendo le dije:
- No te preocupes que si algo de esto ocurre serás el primero en enterarte.
Jueves, 1 de Noviembre del 2007.
Hoy he tenido que llamarle, se lo prometí. No se lo he dicho nada más ha descolgado, aunque sé que a él no le iba a afectar negativamente. Yo necesitaba saborear ese momento.
He observado la linda mañana desde el balcón de mi casa, el sol ahí arriba, iluminándome, dándome toda la energía necesaria.
En el salón, sólo yo, nadie me escuchaba. Sólo él al otro lado de la línea, contándome anécdotas varias. Yo no le escuchaba, lo reconozco, sólo paladeaba el momento de recuperar mi libertad y mis nuevas sensaciones. La cabeza me iba de un lado a otro.
Luego, he hablado yo. He comenzado contándole esas cosas cotidianas que me alegran y esas otras de las que me ocupo con pasión y devoción.
Más tarde, me he dispuesto a recordarle la conversación del bar.Él ha aludido a su falta de memoria (yo tenía la servilleta en la mano) así que se la he leído.
Le he dicho que la última tenía por fin respuesta.
Ya no le quería.
Ha colgado, sin despedirse.
He colgado, sin llorar.
Dos horas más tarde me ha mandado un mensaje que decía: "Eres una mentirosa, dijiste que me querrías toda la vida".

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