La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Frío

Quizás el ruido de la calle no te deje oir mis gritos.
Desesperada y temerosa,
el frío me tiñe los labios de morado,
tiemblo,
no puedo mover los dedos de mis pies.
Sé que si me paro, muero.

En verano y en silencio todo es mucho más sencillo.

En el hemisferio Norte cuando el calendario llega a Noviembre
se convierte en un cementerio de almas aplastadas por el tedio y el olvido.

No me mientas, no sabes de qué color tengo los ojos - dijo ella apenada. Él nunca prestaba atención suficiente a los pequeños detalles.

No importa- respondió él. - Sé lo que hacer para darte abrigo y que el invierno no congele tu alma. No me fijo en los pequeños detalles pero aprendo cada día de tu cuerpo-.

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