Sobre todo cuando te pierdo, cuando te vas alejando de mis costillas y yo sólo te veo caminar. Lanzas los pasos de un modo tan elegante que aunque quisiera no te podría retener.
Te toco, recorro tu espalda mientras tú duermes. ¡Cuántas veces he esbozado este gesto! Siempre lleno de emoción. Mover mi cuerpo para amoldarme al tuyo, como piezas de un incomprensible rompecabezas; mover mi alma para viajar donde me lleva tu presencia.
Nueve horas, nueve benditas y dichosas horas que para mí podrían ser infinitas y eternas, aunque son caníbales y enfermas. Me llenas de tal forma que estaría viéndote dormir exhausta de felicidad hasta el fin de los tiempos.
Te amo cuando te gano que son las menos. Cuando de repente me regalas un beso que para ti no es nada pero a mí me das dos inspiraciones más de vida.
Te gano cuando tu mano conquista la mía, silenciosa y pausadamente.
Tus gestos son tan tuyos, que simplemente recordarlos alborota y remueve mi cabeza, mi cuerpo de cabo a rabo (de Algeciras a Estambul).
Abandonamos la fórmula te quiero, por razones etimológicas. He optado por el te amo, que suena más libre y generoso; así es como lo siento. Te amo, cuando te pierdo y cuando te gano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario