La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

La Paz de Madrid

Cuando se estropean las pistolas,
se apagan los cañones
y se abandonan las espadas,
nacen conversaciones pacíficas,
calmadas e incluso agradables.
Hagamos por no volver a usar balas
que a nadie favorecen,
que a nadie convencen.

Porque, quizás, tenemos más cosas buenas que decirnos
que heridas provocarnos.
Porque, quizás, es tiempo de aprender de los errores
y no machacarnos con ellos.
Porque yo sé quien he sido y quien quiero ser.

No hay comentarios: