se apagan los cañones
y se abandonan las espadas,
nacen conversaciones pacíficas,
calmadas e incluso agradables.
Hagamos por no volver a usar balas
que a nadie favorecen,
que a nadie convencen.
Porque, quizás, tenemos más cosas buenas que decirnos
que heridas provocarnos.
Porque, quizás, es tiempo de aprender de los errores
y no machacarnos con ellos.
Porque yo sé quien he sido y quien quiero ser.
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