Mi cama está tranquila:
sin discusiones,
sin reproches,
sin malas caras.
Llena de anónimos abrazos
por los que no pago peaje.
Tiempos de reflexión
para construirme a mí misma,
para mirarme en el espejo y
reencontrarme
con ojos vivaces
y sonrisas oníricas.
123 jornadas de duelo,
que se borran de un plumazo
para recibir con los brazos abiertos
todas las flores que el destino me quiere regalar,
mil días para sentirme de nuevo orgullosa
con quien soy
y como siento.
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