¿Y cómo haces para que no se te escape el perro, viviendo donde vives?
Sencillo, le corté las patas de tal modo que ahora no puede moverse.
¡Qué dices! ¿Cómo pudiste hacer eso? ¿Debe odiarte?
No, al que odia es al veterinario que lo hizo. A mí me adora, le doy comida, le cuido, le saco a pasear en un carrito para bebés y le dejo que duerma conmigo.
(Que nadie se me enfade que realmente es una metáfora de ciertas realidades que me rodean, no tengo nada en contra de los perros, aunque la mascota que quiero tener cuando viva sola sea un gato al que llamaré Blade Runner. La culpa de todo es de Luna, esa preciosa gata que conocí en Irlanda. Entre Luna y yo surgió el amor. Ella lo sabe, yo lo sé. Qué rica esa sensación de dormir con ella. Yo a los animales domésticos cada vez los tengo más cariño. Será por aquello que atribuyen a Oscar Wilde de: Cuanto más conozco a los hombres, más me gusta/quiero a mi perro).
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