Sabes a melocotón me comentas mientras apuras mi pezón hasta el final.
Sabes a cereza me susurras a la par que saboreas el último bocado de mi labio.
Me giras,
me volteas,
me abrazas fuerte.
Elevas mi barbilla,
penetras en mis ojos para decirme: no tengas miedo.
Y entonces, por sorpresa, sacas de tu chistera unas alas de cartón.
Magia, las manos son más rápidas que la vista.
Comentas que no son las más bonitas para una mariposa tan guapa como yo.
Y yo me rindo en tus brazos.
Son las mejores, respondo con un hilo de voz, las lágrimas ahogan ocurrencias mejores.
Entonces me proclamas tus tres deseos (entre risas nos damos cuenta de que nos vendría bien una lámpara):
1. Quieres quererme sin condiciones para que yo no deje de volar. Sabes que sólo volando yo me siento segura y feliz.
2. Quieres que te quiera con la fuerza y la pasión, con la que afronto el resto de mi vida, porque ansías ser parte de ella. No quieres que esconda ni disfrace mis sentimientos.
3. Quieres que seamos felices.
Yo, prepleja, tan sólo llevo dos días a tu lado, me pregunto cómo sabes tanto sobre mí. Tu respuesta me es familiar, la lanzas al aire: llevas tiempo observándome. Y ahora, yo respiro tranquila, sé que no te vas a equivocar.
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