La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Esperanza

Esperanza vestía de seda,
de vivos colores.
Esperanza caminaba
por los adoquines,
con pies de plomo.

Esperanza se suicida,
con el lucero del alba.
Esperanza se desgasta,
bajo tus sábanas.

Agárrala que se escapa,
no quiere quedarse en tu casa,
no desea dormir nunca más en tu pecho.

Esperanza maldice
los renglones torcidos,
los lugares comunes,
de tu piel derretida.

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