La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Ya lo tengo


Esta fue de mis primeras colecciones de cromos. Mejor no cuendo cómo me ganaba los paquetes, pero nunca me compré ni uno.
¡Qué tiempos aquellos cuando cambiabamos los cromos en la plaza de Quintana y en el Rastro! Así me acabé yo todas las colecciones que empecé.

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