La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

reflexiones y preguntas de nuestra vida

Las palabras tienen valor.
No están vacías.
Cuando hablamos, tenemos enfrente a una persona que suele darle el peso correspondiente a nuestras palabras.
A mí tus palabras me mecían,
ahora me estallan dentro de mi cabeza.
Eran palabras vanas,
pedí que no me mintieran, no era necesario.
¿Por qué pronunciar esas sentencias que no sentías?
No me echabas de menos, tan sólo añorabas un cuerpo caliente al que agarrarte cuando tu barco se hundía. Era indiferente mi piel u otra.
Me niego a quedarme con que seas malas persona,
por eso insisto en buscar explicaciones quizás más complicadas pero más justas para ambos. Ahora, no parece que te interese buscar esta justicia ni esta comprensión.
Puede parecer victimista mi discurso, no me importa ya lo que se piense.
Al fin y al cabo estoy muy dolida,
no me gusta que jueguen conmigo y mucho menos cuando yo me he jugado todo ý ahora estoy vacía.
Todo para que tú no supieras lo que querías y pretendieras solucionarlos a base de abrazos inciertos y besos rancios, pasados de fecha.
Yo me pregunto ¿Cuántos frentes tenías abiertos para solucionar tus dudas? ¿Por encima de cuántas personas vas a pasar?
¡Qué injusto! Mil días preocupándonos de cómo te sintieras tú, sin darme cuenta de que mis sentimientos serían jirones en breves días.
Tú me pisoteas, me traicionas y no te importa jugar conmigo.
Está claro que no te interesa ser feliz, ni te interesó nunca quién era yo.
Ahora ¿Por qué está obsesión con hacerme daño? ¿Por qué esta manía de hacer daño a quien sin una mala palabra te ha dejado acercarte mil veces para darte cobijo?
¿Por qué esos extraños acercamientos para pisotearme al final igual que siempre?

No hay comentarios: