La punta de mi lengua


No imagino mejor trofeo
que rozar con la punta de mi
lengua

el perfil dilatado de
tus
labios.

No hay mejor descanso
que
deslizarme por
tu piel tersa y

desgastarte
suavemente el
cuerpo.

El tiempo que desespera

A veces el silencio es necesario.
A veces no encontramos las palabras.
A veces los gritos se escuchan demasiado lejos.
A veces las palabras nos encuentran a nosotros.
A veces el silencio habla.
A veces los gritos se callan.
Y descubrimos que, entre silencios excesivos, no supimos decirnos nada.
Y descubrimos que, entre palabras gastadas, no supimos decirnos nada.
Y descubrimos que, entre gritos furiosos, no supimos decirnos nada y...
bastaba con saber ofrecer un abrazo.
Ese abrazo que no dimos,
ese abrazo que nos perdimos.

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