Si tu prisa no te permite darte cuenta del empujón que has dado a la anciana de la escalera del metro. Abandona tu prisa.
Si tu rabia no te permite devolver una sonrisa a la muchacha que, sin querer, se tropezó con tu rodilla. Escupe tu rabia.
Si tu egoísmo no te permite ver a la mujer embarazada que acaba de entrar en el metro. Aléjate de ese egoísmo.
Si tu malestar no te permite descubrir la inocente mirada de un niño, disfrutar de las parejas de enamorados que caminan por la calle y celebrar que te empape la lluvia. Destierra tu malestar.
Porque no cuesta nada ofrecer una humilde disculpa cuando nos chocamos con alguien por la prisa que llevamos pegada a los zapatos.
Porque no cuesta nada, sonreír cuando alguien, sin intención, te da un pequeño pisotón. Le miras y le sonríes y él, a la vez, se sentirá mejor.
Porque no cuesta nada, despejar cada ratico los ojos y ofrecer el asiento a esa mujer, a esa anciana o, incluso, a esa estudiante cansada después de la selectividad.
Porque no cuesta nada disfrutar de un viaje en el metro jugueteando con un niño y así lograr que deje de llorar.
Es sencillo y quizás así, entre todos, consigamos que abunden las sonrisas en el metro y que el mundo empiece a moverse un poco hacia otra dirección.
- Mi dentista (psicoanalista, ya se saben la historia)
me dijo que soy una chica de sonrisa fácil.
La verdad es que sí.
También me dijo que llevaba los zapatos
con más brillo que la última vez (ya recordarán)
y que eso implicaba que me cuidaba
mejor de mis compañías. -
2 comentarios:
Este post me ha hecho sonreír
Gracias sol
Un besico (y feliz corte de pelo)
Un placer, siempre. A ver si conseguimos sonreìr todos un poquito màs.
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