Estoy saliendo, intentando ser valiente.
No quiero atragantarme con màs sinsabores, el sabor amargo no es de mis preferidos. Yo siempre disfruto màs del dulce: un twix compartido, una gran bolsa de gominolas para ir al cine, una piruleta a media tarde, el chocolate derretido sobre unos deliciosos buñuelos de viento, ...
Vuelvo a beber, no para olvidar, porque tengo memoria. La memoria me recuerda còmo transcurriò la historia. No vamos a olvidar ni a dar un paso atràs.
Reconozco que a veces duele. No duele el olvido, no duele el futuro màs còmodo y sencillo, no duelen las palabras que se quedaron encerradas en la boca. Duele el pasado no mostrado y enjualado.
Trato de no esconderme en posturas no adquiridas, porque no puedo obviar que en contadas ocasiones siento nostalgia, inexplicable nostalgia por una conversaciòn grata, por un paseo dinàmico y enèrgico, por una sorprendente rutina, pero luego retorno a mi castillo y soy consciente de lo gratificante que es el paso del tiempo y la distancia.
Y me calmo pensando que eres feliz, FELIZ, porque de ese modo yo lo tengo màs fàcil sin atrancarme en esa constante preocupaciòn que no me corresponde ni me favorece.
Ahora los pasos son màs àgiles.
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